Introducción
Debido
a que los evangélicos tenemos la saludable premura de ganar
almas para Cristo siempre estamos tratando de crear frases ingeniosas
o clichés que produzcan el impacto de convicción
necesario en el incrédulo y lo atraigan al evangelio de
Cristo. Del mismo modo, guiados por el amor a los que se pierden y
temiendo que estos puedan ofenderse con la predicación del
evangelio, tratamos de ser lo más diplomáticos posible.
En la empresa, sin querer podemos llegar a omnubilar el mensaje
manejando conceptos que si bien contienen verdades en su fibra
medular, pueden tener un efecto negativo en la vida del convertido a
posteriori. En muchos casos hasta llegan a contradecir la enseñanza
bíblica, enseñando algo que simplemente no es verdad. A
continuación elaboramos en algunos clichés evangélicos
con la finalidad de analizarlos honestamente y sopesar su fidelidad a
la verdad.
El
Cristianismo no es una religión, es una relación.
¿Qué
es una religión? Por definición, una religión es
una cosmovisión que nos comunica lo que debemos creer y cómo
debemos vivir. Está compuesta de ideas, i.e. doctrinas, y
valores morales. Una religión requiere que aceptemos ciertos
conceptos e ideas como la Verdadera explicación de todo lo que
es. La aceptación intelectual de esos conceptos e ideas como
la Verdad, es lo que se define como "fe." Además de
esto, una religión requiere que sigamos una lista de
mandamientos, prohibiciones, y rituales.
La
pregunta que yo siempre hago a los cristianos es: ¿Es el
cristianismo una religión? Por lo general, mis hermanos
vacilan en contestar. ¿Por qué? Porque muchos vienen
escuchando por mucho tiempo el cliché: "El cristianismo
no es una religión, es una relación." Esto es
repetido constantemente por algunos predicadores, pero no es una
frase adecuada.
Yo
entiendo que la intención es buena. Ellos quieren transmitir
que la salvación de los humanos no es algo que se logra con
buenas obras o cumpliendo ciertos ritos. Esto enseñan las
religiones del mundo, pero el verdadero cristianismo enseña
que la salvación sólo viene por gracia solamente. No
importa cuántas cosas buenas usted haga, eso no le gana el
cielo. Es sólo la fe en Jesucristo la que cuenta, i.e., una
relación con Dios.
Es
por ello que los predicadores cristianos quieren desprenderse o
alejarse del concepto de "religión", por la
connotación negativa que acarrea el término. De este
modo, surgió alguien con una solución, o sea, decir que
el cristianismo no es una religión, sino una relación.
Como "religión" y "relación" riman,
el eslogan se hizo popular rápidamente.
Pero
estamos frente a un error, el cristianismo sí es una religión.
La diferencia con las demás religiones consiste en que es la
verdadera religión. Esta verdadera religión implica una
relación con Dios. Entonces, a lo sumo podríamos decir
que el cristianismo es ambas, una religión y una relación.
Algo
similar sucede cuando algunos dicen que el cristianismo no es una
lista de cosas "qué hacer y qué no hacer", o
sea, una listas de "sís" y "nós."
La intención aquí es que la gente entienda que la
salvación es por gracia solamente, y que no se puede ganar
haciendo o no haciendo esto y lo otro (lo cual es correcto).
El
problema es que el cliché puede transmitir la idea de que el
cristiano goza de cierta flexibilidad moral extrema, algo que es
erróneo.
No
existe tal cosa como cristianismo sin una lista de 'sís"
y de "nós." Usted no puede ni siquiera conducir un
automóvil, o vivir en familia, o trabajar en una oficina sin
una lista de "sís" y de "nós." Todo
lo que hay que hacer para ver si hay cosas que debemos de hacer y no
debemos de hacer, es abrir la Biblia. Frases como, "Pero
fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre
entre vosotros", "huid de la idolatría", "No
dejéis de congregaros", "haced bien a todos",
etc., deberían ser suficiente para que nosotros pongamos el
eslogan en nuestra propia lista de cosas que debemos evitar cuando
estemos predicando o enseñando.
Dios
le ama y tiene un maravilloso plan para su vida.
¿Recuerda
el lector las cuatro leyes espirituales de Campus Crusade for
Christ? En las cuatro se menciona el amor de Dios y el plan de
Dios para la vida del pecador. Hoy en día aun escuchamos en
muchos sermones evangelísticos, o sea, predicaciones dirigidas
al no creyente, el conocido "Dios le ama y tiene un plan para su
vida." El mismo mensaje se presenta desde la mayoría de
los púlpitos evangélicos, poniendo énfasis en
una relación personal con Dios.
Hoy
acabo de repasar las cuatro leyes espirituales una por una, con los
versículos que se dan apoyando cada una de ellas. He notado
que en ninguna de ellas se menciona directamente la necesidad de
arrepentimiento por parte del pecador. El énfasis mayor en
todo el plan de las cuatro leyes es "recibir a Cristo" en
"su vida." Es cierto que el plan hace repetida mención
de que somos pecadores, que nuestros pecados nos separan de Dios y de
que Cristo murió por nuestros pecados. Alguien con
conocimiento bíblico puede argumentar que el arrepentimiento
está implícito en las afirmaciones previas, con lo cual
concuerdo. Pero, ¿puede el no creyente deducir la necesidad de
arrepentimiento al escucharlas?
Otra pregunta: ¿Es
bíblico predicar el amor de Dios a los no creyentes sin
mencionar el arrepentimiento? O simplemente: ¿Es bíblico
procurar ganar almas para Cristo promoviendo una relación
personal con El? ¿Es bíblico esperar convertir al no
creyente con la promesa de que Dios tiene un plan para su vida?
Cuando
vamos a los tiempos de la Iglesia Primitiva, ¿muestra el
registro del libro de Hechos la noción de que el foco central
del cristianismo es una relación de amor con Dios y el
mejoramiento de nuestra vida personal?
Yo
no pude encontrar eso en el libro de Hechos. Ni en la predicación
de Pedro en Pentecostés, ni en la predicación de Pedro
a la puerta de la Hermosa, ni en sus palabras delante del sumo
sacerdote, ni en su segunda defensa ante el Concilio. Ni en la
defensa de Esteban frente al Concilio, ni en el mensaje de Pedro a la
casa de Cornelio, ni en el mensaje de Pablo a los judíos
en la sinagoga de Pisidia, ni en el discurso de Pablo en Atenas, o su
defensa en Jerusalén, o su presentación frente al
Sanhedrín, la defensa frente a Félix y Drusila, y
finalmente frente a Agripa.
No
hay una sola mención del amor de Dios, de que Dios tiene un
plan para su vida, de que debemos tener un relación con Cristo
o una tierna relación con Dios. El amor brilla por su
ausencia. El énfasis está en la necesidad del perdón
de pecados, en que Cristo puede perdonar, o en su defecto, puede
traer juicio sobre los no arrepentidos.
¡Qué extraño!
El amor de Dios no es mencionado ni una sola vez en todo el libro de
Hechos. ¿Será esto una cosa a tomarse en cuenta cuando
predicamos el evangelio? ¿No será una indicación
de que cuando predicamos para el incrédulo y tratamos de
seducirlo con una relación personal y el amor de Dios estamos
equivocando el camino?
Por supuesto que las Escrituras, y en
especial las epístolas en el Nuevo Testamento, destacan el
amor de Dios en forma abundante, pero parecería que en todas
las instancias en que se menciona el amor de Dios y una relación
personal con El, el contexto indica que el mensaje es para los que ya
están en Cristo.
Por
último, digamos que si usted le predica a los inconversos
poniendo el énfasis en que Dios tiene un plan para su vida,
procure que la persona no conozca lo que le sucedió a Esteban,
a Jacobo, o más adelante a Pablo y los demás apóstoles.
Puede que no responda muy bien al llamado a entregarse a Cristo al
final de su sermón.
La
salvación en los últimos momentos de vida.
Cuando
un incrédulo muere sin exhibir muestras de haber aceptado a
Cristo como Señor y Salvador, es lógico lamentarse
porque su alma se perdió. Algunos hermanos consideran que es
posible que en su lecho de muerte, en los últimos segundos, la
persona pudo haberse arrepentido y salvarse. Esto de la salvación
en el último minuto, o la salvación del estribo, o para
hablar en términos futbolísticos, salvación en
los descuentos, se ha convertido en un cliché muy popular.
Proviene mayormente de nuestros hermanos en Cristo inclinados hacia
el misticismo, y por lo general incluye la participación de
Cristo o un ángel apareciendo al moribundo en los últimos
instantes de su vida.
Por
cierto que si el evangelio es presentado a la persona en su lecho de
muerte y ésta recibe a Cristo, la persona será salva.
Pero el mensajero del evangelio debe ser un persona humana. Dios ha
dispuesto que el evangelio sea transmitido por seres humanos, así
que la idea de que un ángel en los últimos segundos
haya presentado la verdad al pecador, o Jesús se le haya
aparecido, es absurda.
Quiero
recalcar el concepto. Los inconversos deben indefectiblemente
escuchar o leer acerca del Señor Jesucristo por medio del
hombre como instrumento para poder ser salvo. El evangelio no viene a
nosotros por medio de los ángeles, de visiones o sueños.
Es por ello que yo soy escéptico respecto a las historias que
vienen desde el mundo islámico, donde aun misioneros
cristianos relatan que Jesús se le ha aparecido, ya sea en
visión o en sueños, a musulmanes que se convirtieron
luego de ello.
Dios
ha designado a la Iglesia el privilegio y la responsabilidad de
diseminar el evangelio (Mt. 28: 19-20; Mr. 16:15; Ro. 10: 13-17). Se
entiende, por tanto, que Dios siempre enviará el evangelio a
los que han sido ordenados para vida eterna por medio de un
instrumento humano. Ejemplos de esto fueron Cornelio y el eunuco, en
el Nuevo Testamento.
¿Es posible la salvación en
el último minuto de vida? ¡Por supuesto que sí!
Pero sólo si un humano le presenta el evangelio en ese
momento, o en su defecto, el inconverso moribundo clama a Cristo en
arrepentimiento y en fe, basado en el evangelio que alguna vez
escuchó o leyó durante el transcurso de su vida.
Cristo
es la Respuesta.
Si
la pregunta es, "Cómo puedo ser perdonado por mis
pecados", o "Cómo puedo ser salvo y tener vida
eterna", ¡por supuesto que la respuesta es Cristo! Si la
pregunta del pecador es cómo puede confrontar problemas
y tribulaciones en su vida, también es cierto que venir a
Cristo es la respuesta. Pero venir a Cristo en arrepentimiento y en
fe no siempre significa que los problemas van a desaparecer. En
algunos casos permanecen y para siempre, y en otros se tornan peor.
Cristo es la respuesta en el sentido de que él nos dará
la fuerza y la gracia necesaria para sobrellevarlos, al mismo tiempo
que va moldeando nuestro carácter cristiano y hace que todas
las cosas ayuden a bien para los que aman a Dios.
Es
crucial que cuando usemos el cliché, que es perfectamente
válido, sepamos definirlo y cualificarlo. En una sociedad
materialista formada por individuos consumidos con una obsesiva
preocupación por ellos mismos, debemos tener mucho cuidado con
ofrecer soluciones a corto plazo. Esta tendencia se ha introducido en
medios evangélicos. Yo estoy tentado a escribir un libro
titulado "Si Dios me Ama, ¿por qué mi auto no
arrancó esta mañana?" Estoy seguro que mis
problemas económicos se desvanecerían.
Digo
esto porque en la iglesia de hoy hemos hecho nuestra prioridad
absoluta el no sufrir más, ese es nuestro objetivo en nuestra
vida cristiana. Lo siento, pero tengo que decirles que Dios nunca ha
prometido una liberación temporal del sufrimiento. Por el
contrario, Dios nos habla en prácticamente cada página
de la Escritura para que nos preparemos para sufrir.
Yo
sé que se oye duro, esto lo último que queremos
escuchar, pero el Evangelio no borra nuestro dolor presente, ni lo
maquilla, ni lo extirpa como quien hace cirugía. En lugar de
ello, el evangelio nos señala o apunta hacia otras realidades.
Otras realidades que son infinitamente más hermosas que la
solución a nuestros problemas, y nos da poder para ejercitar
un nuevo tipo de obediencia aun en medio del sufrimiento.
La
Biblia no es un manual con las instrucciones de como no sufrir, sino
que nos enseña a vivir en medio del sufrimiento. Si nosotros
como maestros enseñáramos algo diferente, como
"entreguen su vida a Cristo y vean como todo se soluciona",
"Busquen a Cristo y verán como su sufrimiento
desaparece", estaríamos comprometiendo seriamente el
evangelio.
Cuando los pastores hablan de que Jesucristo y la
Palabra de Dios tienen el poder para transformar sus vidas, no se
refieren a un proceso mágico por el cual todos sus problemas
se van a solucionar, sino que se refieren a la transformación
de la persona que resulta en la formación del carácter
cristiano que Dios quiere desarrollar en nosotros.
Ahora bien,
muchos cristianos nuevos pronto se desilusionan respecto a la nueva
vida en Cristo debido a que se les dijo que "Cristo es la
Respuesta", en el sentido que desde el momento que recibimos a
Jesucristo como nuestro Salvador personal, nuestra vida va a ser un
plato de fresas con crema y todo se va a solucionar.
Uno
de los peligros de la promesa "Dios le ama y tiene un plan para
su vida" no es que no sea cierta. Son los detalles del plan los
que pueden complicar las expectativas del recién convertido.
Desde la perspectiva netamente humana, no existe en la Biblia ninguna
historia que termine con el consabido "y vivieron felices para
siempre." Lo cierto es que en la vida del cristiano habrá
luchas internas, pruebas, tentaciones y tribulaciones. Es por ello
que es esencial que el cristiano tenga un entendimiento claro de lo
que es su vida en esta nueva etapa, y se le prepare de modo que la
pueda vivir con la certidumbre de que Dios lo capacitará para
perseverar en medio de las circunstancias.
Y
sí, por supuesto que Cristo es la Respuesta.
¿Dios
aborrece el pecado pero ama al pecador?
"Dios
no está enojado con usted, Dios le ama", "Dios odia
el pecado pero ama al pecador", "Dios aborrece el pecado,
no a usted." Frases como éstas y similares se escuchan
con frecuencia en medios evangélicos.
El
cliché puede ser un tanto impreciso. El Antiguo y el Nuevo
Testamento dejan bien en claro por boca de los profetas, los
apóstoles, y Cristo mismo, que Dios está airado contra
los pecadores por motivo de su pecado y sus transgresiones.
Un
examen riguroso de la Escritura concluirá que la ira, el
aborrecimiento y el juicio de Dios, están dirigidos contra el
pecador tanto como contra los pecados:
"El
que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará
de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará
con su ira." Salmo
2: 4-5
"Los
insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a los que
hacen iniquidad. Destruirás a los que hacen iniquidad.
Destruirás a los que hablan mentira; al hombre sanguinario y
engañador abominará Jehová." Salmo
5: 5-6
"Dios
es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos
los días."
Salmo 7: 11
"Jehová
prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma los
aborrece."
Salmo
11:5
"Porque
la ira de Dios se revela contra el cielo contra toda impiedad e
injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad." Romanos
1:18
"Pero
por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para
ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación
del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a
sus obras: vida eterna a lo que, perseverando en bien hacer, buscan
gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son
contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la
injusticia." Romanos
2:5-8
"Porque
si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su
Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su
vida." Romanos
5:10
"Como
está escrito: A Jacob amé, más a Esaú
aborrecí." Romanos
9:13
"Entre
los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en
los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de
los pensamientos, y éramos por naturaleza hjos de ira." Efesios
2:3
Si
Dios sólo aborrece el pecado y no a los pecadores que cometen
los pecados, ¿por qué destina a los pecadores al
infierno? ¿Por qué no envía al infierno
sólo a los pecados? ¿Por qué Dios castigó
a Cristo como sustituto del pecador, en lugar de castigar el pecado?
Quizá porque el pecado no es algo que pueda castigarse. Nadie
puede comprar medio kilo de pecado y cargárselo encima.
Ahora
bien, ¿cómo reconciliamos lo que vengo diciendo con los
pasajes que hablan del amor de Dios hacia nosotros? Sé que a
estas alturas el lector puede estar molesto porque estamos, en cierta
forma, desmenuzando ideas preconcebidas que le han acompañado
por mucho tiempo. Es mi deseo que el lector conserve ahora un
espíritu dispuesto a examinar la Escritura objetivamente
despojándose de presuposiciones que han sido taladradas en su
mente.
¿Dónde
está el amor de Dios en todo esto? Propiciación es la
doctrina bíblica que dice que la muerte de Cristo en la cruz
es lo que satisface las demandas de la justa ira y enojo de Dios.
Propiciación es el regalo de amor del Padre que quita Su ira
de la persona del pecador.
Definición
de la ira de Dios: "La inevitable reacción de Aquél
que es totalmente bueno, frente a lo que es malo."
"La
ira de Dios se revela desde el cielo" (Ro. 1:18). Es con esta
frase que Pablo comienza la exposición del evangelio. La única
forma de escapar la ira de Dios es corriendo a refugiarse en el Señor
Jesucristo, la única esperanza en la vida y en la muerte.
"El
que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa
creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está
sobre él" (Jn. 3:36). La Escritura afirma que Jesús
es el único que puede salvar al pecador de la ira venidera (1
Tes. 1:10).
Estimado
lector, ¿te encuentras a salvo en los brazos de Jesús?
¿Estás pronto para el Día del Juicio? ¿Has
pasado de estar bajo la ira de Dios a estar bajo Su gracia y
misericordia? Ven a Jesús, en arrepentimiento y fe, para que
solo conozcas la ira de Dios como una doctrina y nunca como una
experiencia propia.
No
debemos juzgar el destino eterno de una persona.
Cuando
en cualquier clase de conversación con gente que no es
cristiana se menciona que el destino eterno de los que rechazan a
Cristo es el infierno, invariablemente encontraremos que de pronto,
alguien parece conocer la mente de Dios mejor que nadie cuando
responde más o menos con estas palabras: "Sólo
Dios conoce el destino eterno de una persona."
En
un sentido, el concepto es acertado si la idea se basa en la
omniciencia de Dios. Pero la intención del momento es impedir
o neutralizar el efecto que la exposición de la verdad bíblica
puede estar causando en la mente de los que escuchan. La noción
subyacente es que nadie puede juzgar (discernir) el estilo de vida de
alguien. La admonición viene frecuentemente acompañada
con el consabido "No juzguéis para no ser juzgados."
Es
lamentable que este concepto se maneje aun dentro de círculos
cristianos como resultado de la corriente humanística que ha
invadido la iglesia, la cual procura entre otras cosas, no ofender a
nadie. Claro está que no ofender a nadie, en este caso,
significa no decir la verdad. Esto es muy conveniente para los
cristianos que no desean traspasar los límites de su zona de
confort.
La
verdad bíblica antagoniza de plano con el cliché en
cuestión. El apóstol Juan dice que la persona que es
salva guarda obediencia a la Palabra de Dios (1 Jn. 2:3). Y aún
va más allá cuando afirma que la persona que dice tener
una relación con Dios, pero sin embargo vive en desobediencia,
tal persona es "mentirosa y la verdad no está en ella
(2:4)." Y otra vez, la prueba que muestra que la persona es
salva es que ésta "permanece en él", y "anda
como él anduvo (2:5)."
Como
vemos, Juan no está hablando de cosas abstractas, sino de
pruebas tangibles que son obvias a los sentidos y la capacidad de
razonar del observador imparcial. Es manifiesto que el Espíritu
Santo, a través de Juan, nos deja aquí lineamientos
claros y precisos en cuanto a determinar quién es un genuino
hijo de Dios, y quien no lo es, aun cuando éste reclame serlo.
Es también obvio que a la persona que vive en pecado, de
permanecer en ese estilo de vida, o de morir en esa condición,
le depara un destino eterno en el infierno.
Esta
no es la única instancia en la cual Dios provee la clave para
que los cristianos podamos discernir la condición espiritual
de una persona con el grado de certidumbre suficiente como para
manejarnos en la vida diaria. De lo contrario, los cristianos
estaríamos desprovistos de nuestra razón de ser, el
anunciar las Buenas Nuevas con respecto al pecado y el camino de
Salvación (1 Pe. 2:9-10).
En
1 de Juan existen más pistas inequívocas que nos
proveen información sobre quién es un cristiano y quién
no lo es. Veamos una:
"Todo
aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente
de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de
Dios." (1
Jn. 3:9)
El
apóstol Juan no está afirmando que el cristiano no
pueda pecar, sino que no hará del pecado un estilo de vida. Si
un cordero y un cerdo caen en el lodo, las actitudes de ambos serán
muy diferentes. El cordero va a querer salir y eventualmente lo hará,
pero el cerdo permanecerá allí muy cómodo. Lo
mismo es con la persona que realmente ha sido regenerada por el
Espíritu de Dios y la que sólo presentó la
apariencia de ser cristiana pero nunca fue salva. La diferencia entre
los salvos y los no salvos es clarísima y se reafirma en el
siguiente versículo (v. 10) donde el contraste es aun más
evidente: "En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos
del diablo."
EL
apóstol Pablo parecería tener la impresión de
conocer el destino eterno de ciertas personas, cuando escribe:
"No
erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los
adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,
ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los
maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios." (1 Co. 6: 9-10)
Recientemente
una hermana en Cristo me confrontó muy amorosamente cuando
hice un comentario humorístico pero de contenido verdadero.
Dije que Joseph Smith, el profeta mormón, ya hace tiempo que
recibe lecciones de teología en el infierno (bueno, el Hades,
para ser teológicamente exacto). La hermana planteó que
los cristianos no debemos hacer comentarios acerca del destino eterno
de las personas. Yo le dije que de acuerdo con la Biblia, y
considerando que no existen evidencias de que Joseph Smith se hubiera
arrepentido, la conclusión natural es que podemos determinar
con un alto grado de precisión que su destino eterno es el
infierno.
Muchos
cristianos modernos coinciden con la hermana, pero esta es una manera
absurda de pensar que además denota un conocimiento raquítico
de la Palabra de Dios. Una de las artimañas de Satanás
es hacernos creer que no debemos juzgar las doctrinas o los estilos
de vida de las personas (2 Co. 2:11).
Si
se supone que no podemos juzgar cuando una persona es salva o no,
nadie podría ser bautizado o hacerse miembro de una iglesia
protestante, o escoger pastores y líderes para su iglesia.
El
apóstol Pablo dijo que no nos dejáramos engañar
por cierta gente (1 Co. 6:9-11; Gá. 5:19-21). Si son paganos o
falsos maestros, debemos decirlo. Si reclaman ser cristianos pero no
obedecen la ley de Dios, Juan dice que debemos denunciarlos como
mentirosos (1 Jn. 2:4). Pedro no tiene ningún empacho en decir
adonde van a ir a parar los falsos maestros (2 Pe. 2:1s). Pablo, en 1
Timoteo 4, dice claramente que algunos predican doctrinas de demonios
y los llama mentirosos.
Conclusión:
Lo más amoroso que podemos hacer es juzgar a la gente de
acuerdo con el criterio bíblico.
¿Ama
Dios a todos los hombres por igual?
No
existe duda que el plan de salvación fluye del incomparable
amor de Dios. El amor de Dios emana de cada página en la
Biblia. Ya en el Antiguo Testamento las menciones sobre el amor de
Dios son múltiples y cristalinas. Cualquier persona con una
concordancia puede localizar las referencias acerca del amor de Dios
en el Antiguo Testamento. Un análisis de éstas nos
lleva a la conclusión de que existen dos clases de amor de
parte de Dios:
1. Amor
no redentivo - Amor por el pueblo judío manifestado en las bendiciones
individuales y colectivas, así como las promesas condicionales
e incondicionales respecto a la nación. Este amor comprende o
encompasa tanto al judío externamente obediente, como a los
genuinos creyentes hijos de Abraham.
2. Amor
redentivo - El amor de Dios relacionado con el don de la salvación
eterna. Este tipo de amor por parte de Dios alcanza exclusivamente a
los elegidos de Dios que son identificados como el remanente creyente
de Israel (Is. 10:20-22; Ro. 9:23-29).
Es claro, por otra
parte, que el amor de Dios en el Antiguo Testamento en ambos
aspectos, redentivo y no redentivo, sólo se extiende hacia el
pueblo del pacto, Israel. Ni una sola vez, en todo el Antiguo
Testamento, se extiende a las naciones paganas de los
alrededores.
Veamos ahora el amor de Dios en el Nuevo
Testamento. Aquí, prácticamente todas las referencias
al amor de Dios caen dentro la categoría de amor redentivo.
Este amor redentivo de Dios es eficaz, irresistible e incondicional
(Ro. 8:29-30; Ef. 5:25-27; Ap. 1:5). Los recipientes del amor
redentivo de Dios ya no son solamente los elegidos de Israel, sino
que ahora son incluidos los elegidos de entre los gentiles. Vemos,
entonces, que el amor redentivo de Dios no está dirigido a
toda la humanidad.
Desde
que Dios ama a los que escoge y predestina para salvación, y
desde que Dios no ha escogido a toda la humanidad para salvación,
es obvio que Dios no ama redentivamente a toda la humanidad. Es
cierto que Dios ama a la humanidad en general, aun hasta al impío
en cierto sentido. Dios suple para sus necesidades físicas,
por ejemplo (Mt. 5:44-45). Pero el amor por el impío es mucho
menor que el amor que Dios siente por los creyentes (1 Jn. 3:1).
Antes que enfatizar el amor no redentivo por los inconversos, la
Biblia enseña con mucho mayor énfasis que Dios aborrece
al pecador (Sal. 5:4-6; Pr. 6:16-19; Ro. 9:13; ver también la
sección Dios aborrece el pecado pero ama al pecador).
Un
pasaje que generalmente se usa para mostrar que Dios ama a todos los
hombres por igual es Juan 3:16:
Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna.
Se
argumenta que la palabra "mundo" (kosmos) implica que el
amor de Dios se extiende a todo individuo que existió, existe
y existirá sobre la faz de la tierra. No deseando en ninguna
manera desbordarnos hacia la polémica de la expiación o
redención limitada, nos concentraremos simplemente en deducir
el significado de la palabra kosmos, y su inferencia lógica
respecto al tema que nos atañe, ¿ama Dios a todos los
hombres por igual?
Lo primero que debemos descubrir es a cuál
tipo de amor se refiere el pasaje. Es obvio que la referencia al amor
redentivo de Dios es indiscutible. Segundo, es sabido que Juan usa la
palabra kosmos de diferentes formas en sus escritos. Razones de
espacio nos impiden listar los diferentes significados de la palabra
kosmos, los cuales son determinados en toda instancia por el
contexto. En el caso de Juan 3:16, para hallar la definición
de kosmos debemos ir a Juan 3:18-19:
Porque
no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino
para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree,
no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no
ha creído en el nombre del unigénito del Padre.
El
erudito Ra McLaughlin presenta el argumento lógico de la
siguiente manera:
a.
Dios envió su Hijo a salvar el kosmos.
b. Dios no
envió a su Hijo a condenar al kosmos.
c. Los creyentes
son salvos.
d. Los creyentes no son condenados.
e. Los
no creyentes no son salvos.
f. Los no creyentes son
condenados.
g. Desde que los NO creyentes son condenados (no
salvos), en oposición al kosmos, el cual no es condenado sino
salvo, los NO creyentes no son parte del kosmos en este pasaje.
h.
Como los creyentes son salvos y no son condenados, del mismo modo que
el kosmos es salvo y no es condenado, kosmos
representa a los creyentes en este pasaje.
La
Escritura indica, en su contexto amplio, que el amor que Dios tiene
por sus escogidos es diferente al que tiene por la humanidad en
general. Por motivo de su amor por Cristo, Dios ha hecho a ciertos
individuos el objeto de su amor especial desde antes de la fundación
del mundo. Los ha amado por lo que ellos serían en Cristo, y
el hecho de que ellos se convertirían en pecadores no fue
suficiente para disminuir su amor:
Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos
bendijo con toda bendición espiritual en los lugares
celestiales en Cristo, según nos escogió en él
antes de la fundación del mundo para que fuésemos
santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos
predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo,
según el puro afecto de su voluntad. Efesios
1:3-5
Dios
tiene un amor especial en Cristo por aquellos a los que predestina
para salvación. Este amor no es el mismo amor que Dios tiene
por la humanidad en general. Es un amor mucho más superior, es
el amor redentivo y electivo de Dios, tan intenso que él no
puede evitar salvar a los que son objeto de ese amor. Además
de la famosa roca tan grande que él no puede levantar, ésta
es otra de las cosas que Dios no puede hacer, dejar que los que él
ama se pierdan. <>