Revisitando
una aberración doctrinal que plaga el mundo evangélico
Pablo
Santomauro
Ministerios
enteros han sido establecidos partiendo de la teoría de que
los demonios pueden habitar en los cristianos y afectar su conducta.
La acción que supuestamente soluciona este problema según
estos ministerios, es echar fuera los demonios, o sea, practicar un
procedimiento llamado "liberación de demonios".
¿Es
bíblica la idea que los cristianos pueden ser endemoniados? Si
es cierto que los cristianos necesitamos una liberación de
demonios, ¿por qué en la Biblia no tenemos ningún
ejemplo de Jesús y los apóstoles echando demonios o
espíritus inmundos de un cristiano? Si el tema fuera elemental
para vivir la vida cristiana, ¿por qué Dios, en su
Revelación, no nos dejó ningún ejemplo ni
instrucción al respecto?
¿No
es significativo en extremo el hecho de que en ningún pasaje
del Nuevo Testamento donde se habla de la guerra espiritual y los
cristianos, el tema de echar fuera demonios de los cristianos brilla
por su ausencia? ¿Acaso en todos esos pasajes no se instruye
al creyente a vestirse con la armadura de Dios (Ef. 6:10-18) y a
resistir al diablo (1 P. 5:8-9; Stg. 4:7), no a expulsarlo? ¿Acaso
decir que los demonios pueden habitar en un cristiano, no es una
afrenta a Cristo, quien nos redimió con su sangre y nos
trasladó del reino de las tinieblas al de la luz (Col.
1:13-14)? ¿Fue Su obra en la cruz incompleta (Jn. 19:30)?
¿Pueden
Dios y el demonio habitar simultáneamente en un mismo
cuerpo?
¿Es
posible que el Espíritu Santo que habita en el creyente (Ro.
8:9-1) permita un espíritu inmundo habitar con él en el
mismo cuerpo? Aunque parezca inverosímil, algunos dicen que sí
es posible. Para apoyar su postura dicen que si Jesús mora con
el pecado en el corazón del creyente, o sea en una persona con
una naturaleza pecaminosa, ¿por qué no podría
habitar en una persona endemoniada?
Este
argumento es una falsa analogía, o sea, compara cosas que
pertenecen a diferentes esferas o rangos. En lenguaje popular sería
confundir peras con manzanas. En este caso en particular, no se
pueden comparar la perversidad moral demoníaca con la
perversidad de una humanidad caída. La relación de Dios
con los demonios es diferente a la que él tiene con los
creyentes. Los demonios son irreversiblemente corruptos, malignos, y
definitivamente irredimibles (2 P. 2:4; Mt. 25:41; He. 2:16; Jud. 6;
Ap. 12:7-9; 22:11). Los creyentes, por el contrario, hemos sido
redimidos y a pesar de conservar una naturaleza pecaminosa (la
carne), tenemos en nosotros una nueva naturaleza (la del Espíritu)
que nos habilita para triunfar sobre las tentaciones (Ro. 6:11-12;
8:9; Gá. 5:18) y aún sobre la influencia demoníaca
(1 Jn. 3:9).
El
segundo argumento que usan para apoyar la idea de que los demonios
pueden cohabitar con el Espíritu, básicamente expresa
que los demonios moran en el alma, pero no en el espíritu del
hombre, donde habita el Espíritu Santo. Esta tesis se apoya en
1 Tesalonicenses 5:23: "Y el mismo Dios de paz os santifique por
completo; y todo vuestro ser, espíritu (pneuma), alma (psuche)
y cuerpo (soma)."
Se
afirma que el Espíritu Santo reside en el espíritu del
hombre y que por lo tanto, los demonios no pueden ganar acceso al
espíritu de un cristiano. Sin embargo, dicen los que proponen
esto, los demonios pueden habitar y crear caos en el cuerpo y el alma
del cristiano. Es obvio que con este razonamiento han geométricamente
concebido al hombre como una entidad tripartita.
Este
tipo de interpretación puede conducir a abusos extremos;
tomemos como ejemplo Marcos 12:30: "Y amarás al Señor
tu Dios con todo tu corazón (kardia) y con toda tu alma
(psuche), y con toda tu mente (dianoia) y con todas tus fuerzas
(ischus)."Si leemos este pasaje del mismo modo que ellos leen 1
Tesalonicenses 5:23, encontramos que el hombre no se compone de tres
partes, sino de cuatro. Y si sumamos el cuerpo y el espíritu
en 1 Tes. 5:23, la cuenta sube a seis partes.
Considerando
que en el resto de la Escritura los términos alma y espíritu
se usan alternativamente con el mismo significado o a modo de
sinónimos en forma abrumadora, concluimos que no existe una
diferencia ontológica y cortante entre alma y espíritu
en la Biblia. Ambos términos se usan en forma intercambiable o
reemplazable. Cuando se trata de términos como alma, espíritu,
mente, corazón, no existe una uniformidad universal en cuanto
a su uso en la Biblia. El hombre es una unidad holística
compuesta de una naturaleza inmaterial y otra inmaterial, pero ambas
se integran para crear un solo ente; por lo tanto, dividir al hombre
en varias partes es antibíblico.
El
tema central sigue siendo la cuestión de si los demonios
pueden habitar junto con el Espíritu Santo en la misma persona
o cuerpo, por lo tanto el argumento carece de validez lógica.
Para demostrar esto, 1 Corintios 6:15-20 es de crucial importancia:
"¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del
Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual
tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis
sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo
y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1 Co.
6:19-20. El apóstol Pablo usa aquí la misma palabra
para cuerpo (soma) que utiliza en 1 Tesalonicenses 5:23. Es
determinante el hecho de que Pablo afirma que el lugar de residencia
del Espíritu Santo es el cuerpo del creyente, no cierto
componente de su ser. Además, debe notarse que todo el ser del
creyente ha sido redimido, no cierta parte, es por ello que Pablo
dice que nuestro cuerpo y espíritu son de Dios.
Lo
anterior milita directamente contra el concepto de que Dios (Espíritu
Santo) puede coexistir con un demonio en el cuerpo del cristiano, ya
que el hombre es redimido en su totalidad. En otras palabras, la
antropología bíblica enfatiza que el hombre es una
unidad integral y que no posee partes autónomas. Sumado a
esto, y quizá sin que ellos lo sepan, los adeptos a la
liberación de demonios adhieren al concepto helénico
del dualismo. Esta corriente filosófica separaba lo material
de lo inmaterial, o sea el cuerpo del espíritu, siendo el
cuerpo malo y el espíritu bueno.
El
apóstol Pablo, por su parte, no tiene dudas en cuanto a que el
creyente ha sido redimido totalmente, y por ende tiene la libertad y
la capacidad de servir a Dios desde el momento de su conversión,
sin necesidad alguna de ser liberado de demonios ya que la
posibilidad de tal cosa es nula. Cuando Pablo afirma que nuestros
cuerpos son miembros de Cristo (1 Co. 6:15) no se está
refiriendo al cuerpo de Cristo como la Iglesia, sino a la relación
individual de cada cristiano con Jesús mismo. La noción
es ratificada en el verso siguiente, donde Pablo expresa que el que
se une con una ramera es un cuerpo con ella (1 Co. 6:16). La unión
del creyente con Cristo es total, integral, indisoluble e
indivisible. No sólo somos parte del cuerpo del Señor
sino que también somos un espíritu con él (1 Co.
6:17). Estamos unidos a él en cuerpo y espíritu.
Reiteramos, el cuerpo físico de cada creyente se ha unido al
cuerpo mismo de Cristo resucitado de la muerte. Esto significa que no
sólo el espíritu del cristiano ha sido transformado,
sino también todo su ser.
Conclusión: Así
como es imposible que un demonio pueda invadir el cuerpo físico
y glorificado de Jesucristo, es imposible que el cuerpo de un
creyente pueda ser penetrado por los demonios, en virtud de su unión
con Cristo. El apóstol Pablo entendió mejor que nadie
la doctrina de la Unión con Cristo, la que en sí misma
facilita una comprensión integral de la salvación del
cristiano. Por ello el lema de Pablo en sus epístolas fue
siempre EN CRISTO, consigna que usó más de cincuenta
veces en sus epístolas.
Pasajes
citados para "probar" que los cristianos pueden ser
poseídos por demonios
Razones
de espacio no nos permiten expandernos en cuanto a los pasajes
esgrimidos con la intención de demostrar que los cristianos
pueden ser invadidos por demonios. Por esta razón, sólo
mencionaremos sólo dos pasajes sin proveer todo el texto y
seguidamente ofreceremos una breve refutación.
El
caso del rey Saúl.
1 Samuel 18:10-11 y 19:9-10, ambos relatan que un espíritu
malo se apoderó de Saúl en la ocasión que quiso
matar a David con una lanza. El pasaje está lejos de demostrar
que un hombre de Dios puede ser poseído. Si se considera el
comportamiento de Saúl durante su reinado, es fácil
apreciar que su conducta estuvo muy distante de ser la de un creyente
verdadero. Notemos que el espíritu malo lo dejaba cuando David
tocaba su música. Esta no es una característica de los
demonios en las narraciones del NT. Sumado a esto, el texto hebreo
dice que un espíritu malo venía sobre Saúl o se
apartaba de él, no que entraba en él. Así que
difícilmente se puede presentar este caso como un ejemplo de
una posible posesión demoníaca en los cristianos, sobre
todo si tenemos en cuenta que la historia toma lugar unos mil años
antes de que Cristo fundara su iglesia.
El
caso de la mujer encorvada. En Lucas 13:10-17 tenemos el caso de la mujer que había estado
encorvada por dieciocho años y a quien Jesús sana. Los
proponentes de la posesión demoníaca en los cristianos
señalan que la mujer era una creyente, ya que 1) asistía
a la sinagoga 2) luego de su sanidad ella "glorificaba a Dios"
3) Jesucristo la llama "hija de Abraham". No obstante, una
lectura cuidadosa del pasaje revela que:
1) Si bien la
enfermedad fue instigada por Satanás, el texto no indica
claramente que un demonio la poseía.
2)
Jesucristo no realizó exactamente un exorcismo, sino que la
declaró libre de su enfermedad.
3)
Que ella asistía a la sinagoga no necesariamente indica que
estamos ante una creyente. Muchos asisten regularmente a la iglesia
hoy, pero sus vidas son mundanas.
4)
"Hija de Abraham" era culturalmente una frase que indicaba
origen étnico, no ciudadanía en el reino de Dios.
5)
El pasaje no indica que la mujer tenía fe en Dios o en Cristo.
El hecho de que glorificó a Dios luego de su sanidad podría
indicar que ella llegó a tener fe debido a su sanidad, no
antes.
Es obvio que el pasaje no puede probar con absoluta
certeza de que los cristianos pueden ser poseídos, habitados o
invadidos por demonios. Estos dos pasajes son los más
"fuertes" que pueden presentar los que contestan la
posibilidad en forma positiva. El resto de los pasajes presentados
son aun más débiles, ej: 1 Co. 2:11; 2 Co. 4:34; 1 Tes.
2:18; 1 Ti. 4:1; 1 Jn. 4:1-4; 2 Pe. 2:1-22; etc. Una somera
revisación de los anteriores pasajes demostrará al
cristiano estudioso, que si bien se describe en ellos
actividades en las que Satanás y sus demonios están
involucrados, la demonización de los cristianos ni siquiera se
menciona.
Conclusión
La
doctrina de los cazadores de demonios no tiene base en la Escritura y
los cristianos debemos rechazar tal tipo de falsedad. 1 Juan 4:4 dice
que mayor es el que mora en los cristianos (el Espíritu Santo)
que el que está en el mundo (Satanás y sus huestes).
Recapitulando, estas son las razones por las que la enseñanza
de la liberación de demonios en los cristianos no tiene base
bíblica:
1.
El Espíritu Santo mora en todo creyente (Jn. 14:17; Hch. 5:32;
Ro. 8:11; 1 Co. 3:16; 6:19; 2 Co. 6:16; 1 Tes. 4:8; 2 Ti. 1:14).
2.
El Espíritu Santo hace residencia en la vida del creyente en
el momento que éste es salvo (regenerado o nacido de nuevo),
no importando cuán imperfecto o inmaduro sea el nuevo
creyente.
3.
La luz no puede tener comunión con las tinieblas (2 Co.
5:14-16; 1 Tes. 5:5)
4.
No existen instrucciones en las epístolas (cuyo objetivo fue
instruir a los creyentes en todo aspecto de la vida cristiana), ni
ejemplos en los Evangelios de cómo encarar la posesión
demoníaca en los cristianos.
5.
Los pasajes bíblicos citados para apoyar la teoría
carecen totalmente de peso efectivo para afirmar lo contrario. <>