--------------- Nota:
El autor desea señalar que
para la estructuración del artículo se ha basado,
específicamente en secciones 5,6,7, 9,10 y 11, en
el material publicado por Arthur Custance
(1910-1985), erudito bíblico y científico
originario de Canadá. Custance ha sido laureado
profusamente en calidad de educador, investigador,
ingeniero, antropólogo, teólogo y autor. Publicó
extensos artículos para diferentes revistas
académicas, varios libros, las afamadas ponencias
conocidas con el nombre de "The Doorway Papers", y
su opus magnus, "The Seed of the Woman".
Corresponde dejar establecido que el material de
Custance que hemos utilizado gravita en torno a la
autoridad de la Escritura y la documentación
histórica y científica disponible durante su vida.
Las inferencias teológicas se desprenden de un
proceso de razonamiento lógico basado en la
información que provee la revelación de Dios en la
Escritura y la investigación científica en las
disciplinas de la biología, fisiología y
antropología. Si bien nueva información ha salido
a la luz desde que Arthur Custance planteó su
tesis, nada significativo existe que pueda refutar
conclusivamente su material. El autor de la obra a
continuación, no se ha centrado en la perspectiva
científica por considerar que esas disciplinas
están fuera de su competencia, y por creer que el
material bíblico es más que suficiente para apoyar
las proposiciones presentadas y las conclusiones
derivadas. Motivamos a aquellos lectores con
inclinación hacia las disciplinas científicas, a
realizar una simple búsqueda en el internet bajo
el nombre "Arthur Custance". Esto los llevará a
encontrar un buen número de páginas con su
material, y el estudio de estos escritos abrirá
para el estudiante bíblico sagaz, una nueva
dimensión que redundará en una comprensión más
profunda de las cosas de
Dios.
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INDICE
1. La Iglesia hoy,
madurando hacia la senilidad.
2. Objetivo
central de la misión de Cristo
3. La caída del
hombre (pecado original).
4. La muerte.
5.
Inmortalidad humana.
6. Una muerte única e
irrepetible.
7. El significado de "sacrificio
vicario".
8. El Hombre fue más que un
Hombre.
9. El Dios-Hombre, Jesucristo, la única
opción.
10. ¿Por qué una cruz y no otro método
de ejecución?
11. ¿Quién mató a Cristo?
12.
Resurrección corporal.
13. ¿Fue incompleta la
expiación?
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1. La Iglesia Hoy, madurando hacia
la senilidad
La iglesia de Cristo ha
dado prioridad en los últimos tiempos al cultivo
de la vida devocional, a la familia, a los
aspectos prácticos de alcanzar la virtud en todas
nuestras relaciones humanas, a entender porqué
sufrimos, y en casos extremos, a cómo manipular a
Dios para que conteste nuestras oraciones. Todas
estas cosas, con excepción de la última, son
importantes, pero se procuran a expensas del
sacrificio de la doctrina cristiana en el altar de
nuestra conveniencia. En el evangelio de boga, el
hombre es el centro de atención, y el libro más
vendido en las librerías cristianas bien podría
titularse "Si Dios me ama. ¿por qué el auto no me
arrancó esta mañana?" Como resultado de este
enfoque, los cristianos han sido privados de
conocer el porqué de lo que creen; en otras
palabras, de un entendimiento claro de nuestras
creencias. La devoción y la práctica han eclipsado
nuestro razonamiento y la estructura de nuestra fe
es, a menudo, relegada a un segundo plano. Los
términos de nuestra retórica teológica son usados
en estos días en forma vaga, imprecisa y
costumbrista. Términos que en un tiempo tuvieron
un significado preciso, son hoy tan elásticos que
han perdido su significado. La doctrina es
considerada en estos días como algo frío, falto de
amor, divisiva, y sobre todo poco práctica.
Dos mil años han pasado desde la muerte de
Cristo. A pesar de tener dos milenios de edad, la
iglesia hoy muestra pocos o ningún indicio de
madurez. Parecería que en su edad madura se ha
vuelto niña, como ocurre con muchos ancianos
seniles. Las palabras de Pablo en Hebreos resuenan
con renovada urgencia en estos tiempos: "Porque
debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo,
tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar
cuáles son los primeros rudimentos de las palabras
de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis
necesidad de leche, y no de alimento sólido".
Pablo se lamenta de que sus oyentes permanezcan a
la altura de pigmeos doctrinales, y precisamente
el tema que el apóstol aborda en la epístola es el
sacrificio de Cristo como ofrenda y como
sacerdote, específicamente el ministerio
sacerdotal en los cielos. Es muy difícil en
tiempos modernos explicar esto a congregaciones
donde prácticamente tenemos infantes de cuarenta,
cincuenta y sesenta años.
Otros hemos
olvidado nuestro primer amor y estamos cerca del
rigor mortis. En nuestra apatía crónica, combinada
con nuestra indiferencia a la verdad, hablamos de
la muerte de Cristo, en muchas instancias,
planteando analogías o paralelos con las muertes
de otras personas que dieron sus vidas por su país
o por otros seres humanos. De estas ilustraciones
están sembrados los sermones, los devocionales
diarios, y las historias de escuela
dominical.
Analogías de ese tipo son más
que desafortunadas y sólo pueden tener origen en
la epidemia de mediocridad galopante que exhibe la
iglesia de Cristo en materia doctrinal. La verdad
es que no es posible, bajo ninguna circunstancia,
comparar la muerte de Cristo con cualquier otra
muerte ocurrida en la historia, desde Abel hasta
el presente. Esto no significa que no sea posible
de adquirir, bajo la guía del Espíritu Santo,
cierta medida de la verdadera naturaleza del
sacrificio de Jesús. Pero en realidad, este
entendimiento debe procurarse por contraste y no
por analogía.
En esta obra intentaremos
explicar los aspectos fundamentales del plan de
redención de Dios. Se dice en lenguaje cristiano
popular, que la Biblia es el registro inspirado de
los episodios de la historia de la redención del
hombre, y es verdad. Pero no debemos conformarnos
con sólo conocer el registro histórico y aceptar
su veracidad. Debemos, también, procurar entender
la naturaleza y el propósito de la historia de la
redención.
Tanto el Antiguo como el Nuevo
Testamento tienen como tema central la historia de
la redención, y ésta no es más ni menos que la
historia del Redentor. Un estudio serio del
Antiguo Testamento muestra que el punto medular,
en toda su extensión, es la persona y la obra del
Señor Jesucristo. El Nuevo Testamento, en
contraste con el Antiguo, trata con la
manifestación y explicación de la persona y obra
del Redentor. Pablo condensa esto en su frase, "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa
alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado" (1 Co. 2:2).
2. Objetivo central de
la misión de Cristo
¿Cuál fue el
propósito principal de la obra y misión de
Jesucristo? Las Escrituras revelan que el objetivo
fundamental y la misión de Cristo fue lograr la
obra de salvación de los seres humanos: "El
salvará al pueblo de sus pecados. Porque el Hijo
del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se
había perdido. Palabra fiel y digna de ser
recibida por todos: que Cristo vino al mundo para
salvar a los pecadores" (Mt. 1:21; Lc. 19:10;
1 Ti. 1:15). Jesucristo no vino como un
revolucionario marxista o un moralista humanista.
Vino a lograr la salvación de los
pecadores.
Esta verdad nos conduce a las
siguientes conclusiones:
1. El grado de
comprensión del sacrificio en la cruz determinará
el grado de comprensión que tengamos de la persona
y ministerio de Cristo.
2. El grado de
comprensión de la persona y obra de Cristo
determina el grado de comprensión que tenemos de
las Escrituras.
3. El grado de comprensión
de las Escrituras determina el grado de
comprensión de la historia de la
redención.
4. Por lo tanto, ignorancia de
la doctrina bíblica de la expiación equivale a
ignorancia de la obra de Cristo, las Escrituras, y
la historia de la redención.
Estas
conclusiones deben ser más que suficientes para
convencernos de la importancia y necesidad de
estudiar la doctrina bíblica de la redención. La
expiación debe ser objeto de estudio, adoración y
alabanza constante por parte del pueblo de Dios,
no solamente exclusividad de los teólogos
profesionales. En cierta medida, el paupérrimo
grado de santidad entre el pueblo de Cristo en
estos días, se debe a la ignorancia patética de la
obra redentora de Jesucristo.
Es nuestro
deseo que este obra sirva para que la luz del
conocimiento de la persona y la obra de Cristo
resplandezca en los corazones de los que aman a
Dios. A El sea la gloria por siempre.
3.
La caída del hombre (pecado
original)
La Biblia narra la caída
histórica del hombre. Esta fue de un estado de
rectitud y santidad a un estado de pecado y
condenación. Ninguna otra explicación es válida
para entender el aspecto siniestro del ser humano
(Gn. 3). Luego de su creación, el hombre poseía la
imagen de Dios. Luego de su caída, pasó también a
ser portador de la imagen de Satanás. De ahí la
metáfora que define a los pecadores como "hijos
del diablo". La metáfora rabínica fue usada por
Jesús mismo en Juan 8: 38-44. La metáfora, en
simple, significa que los humanos son portadores
de la imagen de Satanás en el sentido de que
hicieron, en el nivel humano, lo que Satanás hizo
en la dimensión demónica. No implica que los
hombres ya no son portadores de la imagen de Dios.
Santiago 3:9 establece que los humanos somos
hechos a semejanza de Dios, pero esta imagen ha
sido contaminada y opacada por el pecado del
hombre. Si bien el hombre sigue siendo hombre, es
ahora un hombre pecador. Esto no necesita mucha
explicación para el hombre intelectualmente
honesto que sabe analizar y contemplar su carácter
y personalidad inadecuada. Algunos han llegado a
negar que exista algo que se llame "pecado
original". Sólo una mente afectada en forma
virulenta por el pecado es capaz de negar la
existencia del pecado original y el pecado en
general.
La enseñanza bíblica sobre la
caída del hombre como un hecho histórico real nos
habilita para escaparnos del mundo "disneylándico"
de la teología liberal, la cual no puede explicar
porqué el hombre comete las maldades que comete.
También contesta el concepto materialista que hace
del hombre una máquina más y pretende reducir la
vida al nivel de una piedra, un tronco o un árbol.
El sistema no puede explicar la vida tal como es.
Si todas las ideas no son más que una secreción
química del cerebro, el materialismo es una
secreción más del cerebro, por lo tanto se refuta
a sí mismo. Todo sistema filosófico que se refuta
a sí mismo nos debe causar compasión y repugnacia
al mismo tiempo.
La posición bíblica no es
idealista ni "negacionista" caprichosa, sino que
corresponde con la realidad, con lo que vemos y
conocemos. Cuando nos observamos en el espejo
podemos ver tanto nuestro aspecto siniestro como
el lado noble. En todo lo que hacemos y somos, la
maldad está presente (Ro. 7:21). No hay forma de
escaparse de la realidad del pecado del hombre y
sus trágicas consecuencias. Sin una caída
histórica, no existe una explicación para la
condición actual del ser humano.
4.
La muerte
La caída es también el
fundamento para entender la muerte. Mientras que
la creación no explica porqué o cómo morimos, o lo
que sucede luego de la muerte, la naturaleza
radical de la caída del hombre en pecado y culpa
explica estas cosas claramente.
Primero, la
Biblia habla de la realidad de la muerte (He.
9:27). Esta realidad inevitable nos confronta a
todos y hace desvanecer toda esperanza humanista
de lograr inmortalidad en esta vida. La ciencia
hará muchos descubrimientos pero nunca conquistará
la muerte. Las disciplinas ocúlticas podrán
prometer superar la muerte, pero en el terreno de
la realidad fallan miserablemente. Los miembros de
sectas tales como la Ciencia Cristiana, podrán
negarla, pero ultimadamente tienen que pasar por
ella. Dios ha ordenado la hora de nuestra muerte y
nadie puede demorar o apresurar Su plan (Job 14:
1-5; Ec. 3:1; He. 9:27).
Segundo, la Biblia
describe el origen de la muerte. Es un castigo
divino por la desobediencia del hombre. Como
consecuencia de la caída y nuestros propios
pecados personales, la "Parca" con su guadaña
viene a cosechar nuestras almas para ser
enjuiciadas (Ro. 5:12-17; 6:23; He. 9:27; Stg.
1:14,15). Esto significa que la muerte no es
natural, ni normal, ni humana. Contrario a los
falsos conceptos humanistas de que la muerte es
natural o parte de la naturaleza humana, la muerte
es antinatural’ y subnormal. Es el terrible y
antinatural desprendimiento que separa el alma del
cuerpo. La muerte desgarra al hombre en dos. El
hombre fue creado para vivir, no para
morir.
5. Una muerte única e
irrepetible
La muerte de nuestro Señor
Jesucristo fue un suceso único en toda la
historia. Nunca hubo una muerte semejante, ya sea
en forma de castigo, suicidio, martirio, o aún
como un acto del autosacrificio de un ser por
otros seres. Sin embargo, Su muerte fue por el
hombre, y como un hombre él murió. Si le
preguntamos a un cristiano medianamente conocedor
de su Biblia si Jesús estuvo en control de su vida
aquí en la tierra, la respuesta será que, en
efecto, sí lo estuvo. Los versos para apoyar esto
son Juan 10:18, "Nadie me la quita [la vida], sino
que yo mismo la pongo"; "Entonces procuraban
prenderle; pero ninguno le hechó mano, porque aún
no había llegado su hora" (Jn. 7:30); "Padre, la
hora ha llegado ..." (Jn. 17:1), y otros por el
estilo. Es aceptado, tradicionalmente, que el
significado de estas palabras es que El se mantuvo
fuera del alcance de sus perseguidores hasta que
llegó la hora en que decidió someterse a ellos.
Esto es verdad, pero es sólo una parte de la
historia. El control que Jesús tuvo sobre su vida
fue más allá de escoger el tiempo para entregarse
a sus enemigos. No sólo escogió el tiempo de
morir, sino que escogió
morir.
Nosotros no tenemos opciones al
respecto. Eventualmente podremos escoger las
circunstancias y la hora de nuestra muerte, ya sea
entregándonos como mártires por determinada causa,
provocando a otros para que causen nuestra
destrucción, llevando a cabo un acto heroico en
tiempos de crisis, o cometiendo suicidio. Pero el
resultado final de estos actos es algo que tarde o
temprano será inevitable, nuestra muerte. No hay
opciones, moriremos. Esta es la gran verdad, con
excepción de aquellos que no morirán porque la
Segunda Venida de Cristo los absolverá de la
sentencia. En todos estos casos, sin incluir la
soberanía de Dios en la ecuación, la muerte es
prematura
La pena por comer del fruto del
árbol prohibido no fue la reducción de un lapso de
vida preestablecido, sino la introducción de una
experiencia absolutamente nueva, la MUERTE
FISICA.
A partir del momento de la
caída, todos los seres humanos pasaron a ser
mortales, y como mortales, no estamos en posición
de decidir si morimos o no. En los casos
mencionados anteriormente, la persona puede
escoger el tiempo de su muerte. Una persona que
tiene una deuda, aunque el contrato estipule que
tiene varios años para pagarla, tiene la opción de
pagarla antes de tiempo si así lo desea. Pero no
tiene opción en cuanto a pagarla o no pagarla. En
el caso de un suicida, un héroe que da su vida por
una causa, un mártir, etc., simplemente está
pagando una deuda antes de tiempo.
El
hombre (ser humano) tiene una deuda con la muerte.
Todos hemos pecado y la pena del pecado es muerte
(Ro. 6:23). Y debido a que el pecado entró en el
mundo, la muerte también entró a ser parte de la
experiencia humana como una consecuencia, y la
sentencia de muerte pasó a todos los hombres, los
cuales a su tiempo, deben morir.
En el caso
de Jesucristo, la muerte no ejerció ningún poder
sobre El. En su situación, teniendo el potencial
de vivir una vida sin fin, Jesús, si bien
susceptible a morir en manos de otros, no
necesitaba ni tenía que morir - nunca. Es por esto
que estuvo en condiciones de escoger no sólo el
momento de su muerte, sino también la prerrogativa
de morir. Cuando escogió morir, tomó una decisión
que está mucho más allá de nuestra competencia o
poder.
6. Inmortalidad
humana
El potencial de una vida
terrenal sin fin, en el caso de Jesucristo, no
necesariamente se desprende de su naturaleza
divina o deidad, sino que habiendo nacido de una
virgen fue exento o evitó la cadena de mortalidad
que todos heredamos por medio de la simiente del
hombre, y por lo tanto poseyó el potencial de una
vida sin fin. Estamos hablando exclusivamente de
vida física.
Adán podía morir, y murió,
pero no necesitaba morir de no haber pecado. El
Señor Jesucristo, como el segundo Adán, podía
morir, pero no necesitaba morir. Cuando El escogió
morir, abrazó la muerte por nosotros a pesar de
ser inmortal, a pesar de que pudo haber vivido por
siempre. No habiéndose encontrado pecado en él, su
persona y carácter fueron encontrados totalmente
del agrado del Padre, y por consiguiente no hubo
pena de muerte sobre él, ni la necesidad de morir
aplicaba a su persona. La inferencia es que tanto
en el caso de Adán, antes de la caída, y el de
Cristo, durante toda su vida, como dijo San
Agustín, para ambos era non imposse mori sed
posse non mori - "no fue imposible morir, pero
fue posible no morir".
7. El
significado de "sacrificio vicario"
El
punto que venimos elaborando es crucial para
entender el sacrificio sustitucional o vicario
llevado a cabo por Jesucristo. Desde el punto de
vista humano, Jesús fue idéntico a Adán en su
estado original. Por ello entendemos que Adán fue
una criatura inmortal con un espíritu perfecto, y
derivamos esta conclusión contemplando la persona
de Jesucristo. Si Adán no fue físicamente y
espiritualmente (con un espíritu humano) perfecto,
entonces el sacrificio de Cristo no fue
sustitucionario y los títulos "Hijo del Hombre" y
"postrer Adán" pierden todo sentido.
Deseo
puntualizar un punto doctrinal, y es el siguiente: El sacrificio de Cristo fue sustitucional en el
sentido que el que murió en la cruz, fue un hombre
semejante a Adán en el aspecto humano, y este
sacrificio es aplicable a nosotros en Adán.
Este es el significado correcto de lo
que conocemos como sacrificio vicario. Es esta
semejanza o relación entre Adán y Cristo, la que
hace posible el sacrificio vicario. Cristo, siendo
potencialmente inmortal, escogió morir.
Si
Jesucristo hubiera sido mortal en la misma forma
que lo somos nosotros, y de no haber muerto en la
cruz hubiera vivido hasta los 70,80, o 90 años de
edad, su muerte no hubiera sido sustitucional y no
hubiera redundado en ningún beneficio para
nosotros.
Para que no haya confusiones,
dejo en claro que no estamos diciendo que Cristo
era un Supermán, sino que en su humillación tomó
un cuerpo que sin duda tenía limitaciones. Estas
fueron manifestadas en diferentes formas, como el
caer rendido de cansancio en una barca sacudida
por las olas de una tormenta (es como quedarse
dormido en un carro de montaña rusa en
movimiento), detenerse junto a un pozo para
refugiarse del calor del día, llorar frente a la
tumba de un amigo, sufrir de sed en la cruz, y
otras. Fueron estas vulnerabilidades comunes a
todo hombre, las que hicieron posible su
crucifixión (2 Co. 13:4).
Es obvio que el
que murió en la cruz fue un hombre, humano cien
por ciento, exactamente una fiel representación de
la humanidad de Adán, o sea el "Hombre" como Dios
lo creó. Una naturaleza pecaminosa no es necesaria
para definir el concepto de hombre desde el punto
de vista de Dios.
Han habido solamente dos
"hombres verdaderos" en toda la historia. El resto
de los hombres, todos nosotros, hemos sido y somos
una caricatura lamentable de lo que Dios realmente
considera "humanidad".
8. El Hombre fue
más que un Hombre
El principio de la
ley "ojo por ojo y diente por diente" no hubiera
sido cumplido en la cruz, al no haber existido
"hombre por hombre" en la transacción. De acuerdo
con el principio de "uno por uno", un hombre puede
sacrificarse por uno, pero no por dos, ni por
diez, ni por cien, o por mil. Este Hombre en la
cruz fue algo más que un Hombre. Este Hombre fue
también Dios.
Alguien puede objetar que
entonces Cristo fue algo diferente a un hombre. La
respuesta es simple: si a un triágulo le agregamos
un círculo, sigue siendo triángulo. El hecho de
ser algo más que hombre no lo convierte en algo
menos que hombre, o diferente a un hombre. En
Jesucristo, Dios fue hecho hombre, no idéntico al hombre tal cual es ahora, sino hecho en
semejanza de carne de pecado (Ro. 8:3). En
otras palabras, fue "hecho carne" (Jn. 1:14) en
referencia a "carne" humana en el presente, pero
sólo en semejanza.
Ahora bien, volviendo a
que Cristo fue también Dios, es esta verdad
escritural la que hace posible que su sacrificio
halla sido suficiente, si así fuera necesario, por
los pecados de todo el mundo (1 Jn. 2:2). La frase
"para que todo aquel que en él cree", impone sobre
el Redentor demandas o requisitos que ningún mero
hombre puede llenar a los efectos de salvar a
"todo aquel que en él cree". Es en este aspecto de
la naturaleza de Cristo donde los sistemas que
niegan su deidad se desmoronan.
9. El
Dios-Hombre, Jesucristo, la única opción
Todo el que no es Dios es un ser creado,
la Biblia es definitiva en cuanto a ello. La
implicación lógica es que si Jesucristo no es
Dios, evidentemente es un ser creado. Un ser
creado no puede pagar por los pecados del mundo.
Dos puntos para probar esto:
1) Para poder
salvar a una criatura violadora de la ley y
destinada al infierno, la persona designada para
la tarea debe no sólo conformar su vida totalmente
a la ley, sino también debe ser de la misma
naturaleza ontológica que la persona que desea
rescatar (Lv. 25:25; Rt. 4:4-6). Aun más, el
redentor debe ser de la misma línea de sangre
(linaje) que la persona por la cual da el rescate.
En el caso del Mesías, éste debería ser de la
estirpe o simiente de Adán y Eva (Lc. 3:31; Gn.
3:15) -- y también debería ser un hombre
absolutamente puro y santo.
Sumado a lo
anterior, el redentor debe ser algo más que un
hombre. Debe ser algo muy superior a los seres
angelicales, aún al ángel de más rango, para poder
pagar por la depravación de los pecadores y
renovarlos a una santidad posicional y práctica.
Esto es evidente cuando consideramos lo
siguiente: La criatura más exaltada sigue siendo
una criatura. Como criatura está obligada por la
ley o dar perfecta obediencia a su Creador, y por
lo tanto no puede hacerlo en lugar de otro.
Su perfecta obediencia no puede ser
adjudicada o imputada a otro, mucho menos a
millones y millones de otros. Puesto de otra
forma, si cumpliera la ley de Dios perfectamente,
se haría merecedor a la recompensa de la ley,
ganaría una justicia para su propia cuenta, pero
esa justicia no podría ser imputada a otro, mucho
menos a millones de otros.
Recordemos que
la obra que el Redentor tenía que hacer era pagar
la deuda incalculable de los que habrían de ser
salvos. hacer expiación por sus pecados (un número
millonario), reconciliarlos con Dios, hacerlos
aceptos para la herencia de los santos en luz --
todo esto está mucho más allá de lo que una mera
criatura puede acompasar, no importa cuán alto
rango posea.
2) Otro punto importante en la
redención de los pecadores es que los pecadores
deberían ser restaurados, por lo menos, al mismo
estado y dignidad que poseían antes de la caída.
Restaurarlos a un estado de menor honra y
bendición no es compatible con la sabiduría de
Dios. Teniendo en cuenta esto, consideremos lo
siguiente:
En su estado primitivo, el hombre
sólo estuvo sujeto a su Creador, nadie más. A
pesar de que el hombre fue creado poco menor que
los ángeles, no le debía obediencia ninguna a
éstos. Los ángeles eran como el hombre, siervos de
Dios. Obviamente, si el pecador fuera salvo por
una mera criatura, no podría ser restaurado a su
primer estado y dignidad, porque en tal caso el
pecador le debería obediencia y servicio a la
criatura que lo redimió - se convertiría en la
propiedad de quien lo redimió.
Esto no solo
traería total confusión a la situación, sino que
además dejaría al pecador peor de lo que estaba
antes de la caída, porque ya no estaría en la
posición donde él debe absoluta sujeción y honor a
Dios solamente, sino que su lealtad y servicio
estarían divididos en dos, Dios y la criatura.
Esto viola el mandamiento: "Al Señor tu Dios
adorarás, y él solo servirás".
El conflicto
sólo puede ser resuelto cuando aceptamos que Jesús
es Dios, de la misma forma que el Padre es Dios, y
la honra para ambos es una sola e indivisible -
"para que todos honren al Hijo como honran al
Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre"
(Jn. 5:23).
10. ¿Por qué una cruz? ¿Por
qué no otro método de ejecución?
¿Se
ha preguntado usted lo anterior? Nunca me olvidaré
cuando un hermano invitado a enseñar en la iglesia
a la que yo concurría en el pasado, dijo
textualmente, refiriéndose a la muerte sacrificial
de Jesús: "Dios pudo habernos salvado de otra
manera si hubiera querido. Yo no sé porqué él
determinó que su Hijo muriera en una cruz, pero sí
sé que gracias a ello yo he sido salvo". La
declaración, llena de candor cristiano, provocó
varios "amén" y no pocos "aleluyas", pero en
realidad revelaba poco entendimiento del plan de
salvación de Dios.
Confieso que en aquel
tiempo, siendo yo un cristiano tierno (si es que
es posible imaginar tal cosa en mí), la afirmación
del maestro a lo sumo no me pareció muy
disparatada, pero sí lo suficientemente
provocativa como para despertar mi curiosiodad. A
pesar de estar viviendo la época romántica
obligada de todo recién convertido con el Señor,
me sumergí un tanto en la doctrina de la
sotereología y en la soberanía de Dios buscando
apoyo para las palabras del invitado a predicar.
Lo que encontré fue exactamente lo
contrario. Descubrí que aun la soberanía de Dios
está limitada por las leyes que él mismo ha
impuesto sobre su universo y la historia,
incluyendo la historia de la redención. Algo que
no debe escapar a nuestra consideración es que en
el plan de Dios nada es caprichoso, nada es
fortuito, todo tiene su razón de ser. La cruz no
fue un accidente en la vida de Jesucristo. En el
sacrificio de Cristo es donde podemos observar con
más claridad, la relación misteriosa entre los
acontecimientos pre-ordenados por Dios y el libre
albedrío de los hombres.
Una vez más,
planteamos las preguntas: ¿Por qué el instrumento
de ejecución usado para Cristo fue la cruz? ¿Por
qué no otro método? ¿Pudo Dios haber provisto un
método de salvación diferente? La respuesta es NO.
Vamos, entonces, a ver de cerca las diferentes
coordenadas en la historia de la cruz, y como el
plan de Dios, ya ordenado desde la eternidad,
prevalece sobre los planes de los hombres, sin
quitar la responsabilidad de los seres humanos que
fueron actores en el drama de la
cruz.
Oswald Chambers dijo: "Todo el cielo
está interesado en la cruz de Cristo, todo el
infierno le teme (Satanás y sus huestes), mientras
que los humanos son los únicos seres que en mayor
o menor medida ignoramos su
significado".
Repasemos el texto de Juan
19:1-16:
19:1 Asi que, entonces tomó
Pilato á Jesús, y le azotó.
19:2 Y los soldados
entretejieron de espinas una corona, y pusiéron la
sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de
grana;
19:3 Y decían: ¡Salve, Rey de los
Judíos! y dábanle de bofetadas.
19:4 Entonces
Pilato salió otra vez fuera, y díjoles: He aquí,
os le traigo fuera, para que entendáis que ningún
crimen hallo en él.
19:5 Y salió Jesús fuera,
llevando la corona de espinas y la ropa de grana.
Y díceles Pilato: He aquí el hombre.
19:6 Y
como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y
los servidores, dieron voces diciendo:
Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomadle
vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en él
crimen.
19:7 Respondiéronle los Judíos:
Nosotros tenemos ley, y según nuestra ley debe
morir, porque se hizo Hijo de Dios.
19:8 Y como
Pilato oyó esta palabra, tuvo más miedo.
19:9 Y
entró otra vez en el pretorio, y dijo á Jesús: ¿De
dónde eres tú? Mas Jesús no le dió
respuesta.
19:10 Entonces dícele Pilato: ¿A mí
no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para
crucificarte, y que tengo potestad para
soltarte?
19:11 Respondió Jesús: Ninguna
potestad tendrías contra mí, si no te fuese dado
de arriba: por tanto, el que á ti me ha entregado,
mayor pecado tiene.
19:12 Desde entonces
procuraba Pilato soltarle; mas los Judíos daban
voces, diciendo: Si á éste sueltas, no eres amigo
de César: cualquiera que se hace rey, á César
contradice.
19:13 Entonces Pilato, oyendo este
dicho, llevó fuera á Jesús, y se sentó en el
tribunal en el lugar que se dice Lithóstrotos, y
en hebreo Gabbatha.
19:14 Y era la víspera de
la Pascua, y como la hora de sexta. Entonces dijo
á los Judíos: He aquí vuestro Rey.
19:15 Mas
ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale.
Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey he de crucificar?
Respondieron los pontífices: No tenemos rey sino á
César.
19:16 Así que entonces lo entregó á
ellos para que fuese crucificado. Y tomaron á
Jesús, y le llevaron.
Las
autoridades judías tenían dos objetivos en mente
al enjuiciar a Cristo. El primero era simplemente
matarlo porque lo odiaban; lo odiaban porque no
podían soportar la luz de su vida y la verdad de
sus palabras. El segundo era demoler sus reclamos
al título de Mesías. Habían distorsionado tanto el
Antiguo Testamento y sus pasajes proféticos, junto
con los pasajes que hablaban de la naturaleza y la
obra del Mesías, que cuando el Mesías estuvo
frente a ellos no supieron
identificarlo.
Para lograr el primer
objetivo, o sea matarlo, dependían totalmente de
Pilato, quien era el único que tenía poder para
autorizar la ejecución. Claro que deben haber
considerado, por un tiempo al menos, matarlo
secretamente para no atraer la atención de los
romanos. Pensamos que deben haber desistido de
este plan por la posibilidad de una revuelta
popular. Es más, los intentos de apedrearlo
fracasaron, ya sea por indecisión de ellos o
simplemente por el poder mismo de la presencia de
Cristo.
Para lograr el segundo
objetivo, lo más fácil era lograr su arresto,
traer desgracia sobre él públicamente, y
condenarlo a muerte. De ser posible, los cargos de
traición se presentarían, porque ello significaba
la crucifixión, la más denigrante de las
ejecuciones, sin lugar a dudas.
Si
acaso alguna intervención divina ocurriera para
rescatar a Jesucristo, los judíos se hubieran
persuadido y hubieran inmediatamente aceptado sus
reclamos mesiánicos.
Entre los judíos
existían solamente cuatro métodos para ejecutar a
los hombres condenados por un crimen
capital:
1) Estrangulamiento
2)
Apedreamiento
3) Por fuego
4)
Decapitación
La crucifixión no era uno
de ellos. El menos severo de todos era el primero,
estrangulamiento, porque no mutilaba el cuerpo
seriamente. Quemar al reo era como una forma de
profanar el cuerpo, sólo se hacía después que el
reo había sido apedreado y estaba muerto (el
Mishna parece incluirlo como una pena de
muerte).
Ahora, si frente a la pregunta
de Pilato, ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el
Cristo? los judíos hubieran contestado "quemadlo",
los planes de Dios para la redención del hombre
hubieran sido frustrados. Lo mismo hubiera pasado
si lo hubieran apedreado o
decapitado.
Solamente la crucifixión
podía ajustarse o encajar en el propósito de Dios
en cuanto al plan de salvación. Sólo la cruz pudo
proveer el altar donde Jesucristo pudo,
deliberadamente, sin ninguna presión exterior,
sino por su propia voluntad, ofrecerse a sí mismo
como el cordero sacrificial.
En
cualquier otra forma de ejecución se hubiera
necesitado un milagro para mantenerlo vivo lo
suficiente como para que su sacrificio sea
voluntario, mientras que en la cruz, fue un
milagro el hecho de que muriera cuando
murió.
Paso a explicarme: Es muy
difícil para nosotros hoy en día saber cuánto
tiempo puede durar completamente conciente de su
situación, una persona, durante su agonía en la
cruz,. La historia ha mostrado que los poderes del
cuerpo humano para sobrevivir lesiones físicas son
realmente extraordinarios. Los doctores G.M. Gouls
y W.L. Pile, en su estudio de "Anomalías y
Curiosidades de la Medicina", nos brindan
numerosos ejemplos sorprendentes. Una ilustración
bastaría:
"Por lo tanto, no es
extraordinario enterarnos que los hombres han
sobrevivido la crucifixión por días, antes de
sucumbir ante la muerte por hambre, exposición a
las inclemencias del tiempo, envenamiento séptico,
o mutilación por animales de presa (mamíferos,
aves e insectos). Unos pocos han sido, por una
razón o por otra, bajados de la cruz y se han
recuperado de la experiencia. Josefo (historiador
judío) tuvo la oportunidad de ver un sin número de
sus compatriotas crucificados por los romanos en
el tiempo de la caída de Jerusalén bajo las tropas
del general Titus. Josefo escribió en cierta
instancia:
‘Ví muchos cautivos
crucificados, y reconocí a tres de ellos que
habían sido conocidos míos. Yo me conmoví ante
ésto, fui ante Titus con lágrimas en mis ojos, y
le hablé de ellos. El inmediatamente dio la orden
de bajarlos y que se les diera el mejor cuidado
posible para que se recuperaran. A pesar de esto,
dos de ellos murieron bajo el cuidado del médico
mientras que el tercero se recuperó''.
(Antigüedades de los Judíos, &75, p.21). Por
lo menos uno sobrevivió, y probablemente, con el
cuidado médico apropiado los tres hubieran vivido.
Claro, no sabemos cuanto tiempo colgaron en la
cruz".
¿Cuánto tiempo puede un hombre
sobrevivir en la cruz?