¿Cuánto
tiempo puede un hombre sobrevivir en la cruz?
En 1617, Jacobus Bosius publicó
una obra titulada "Crux Triunphans et Gloriosa",
en la cual nos cuenta de la crucifixión del
apóstol Andrés, del cual se dijo que vivió en la
cruz por dos días - también se refiere en la misma
obra a la crucifixión de Victor, Obispo de
Amiterna, que a pesar de haber sido crucificado
cabeza abajo, sobrevivió por dos días. Bosius
señala que, de acuerdo con Origen, éste era el
período normal de sobrevivencia cuando no se
usaban otros medios para terminar con la vida del
reo. La muerte, en el caso de los que eran
colocados boca abajo era acelerada por
desnutrición, ya que era imposible beber o comer
nada. (Bosius, Jacobus, Crux Triumphans et
Gloriosa , Antwerp, 1617, pp. 8, 43,47,94,
112-115. Acorde con W.S. McBirnie, un acta
preservada en la Iglesia de ST. Andrew en Patras,
Acaya, donde él fue martirizado, dice que él fue
crucificado a sobrevivió por tres días [The Search
for the Twelve Apostles , Wheaton, Tyndale Press,
1977, p.85], cit. en Seed of the Woman, Arthur
Custance.)
Una historia bien conocida y
mencionada también por Bosius es la de Timoteo y
Maura, un matrimonio que sufrió durante la
persecución del emperador Diocleciano en el año
286 DC. Luego de ser horriblemente torturados,
estos dos cristianos fueron crucificados juntos, y
de acuerdo con testigos confiables, ellos
sobrevivieron nueve días exhortándose uno al otro
en la fe, expirando finalmente en el décimo día.
Suponemos que ellos tuvieron acceso a agua, ya sea
de lluvia o por mano de alguien presente.
William Stroud, en su obra clásica "Las
causas físicas de la muerte de Cristo"*, cree que
esto fue posiblemente una exageración. Pero
nosotros no tenemos necesariamente que estar de
acuerdo. Sobrevivir por nueve días sin comida no
es para nada extraño si de alguna manera hay
provisión de agua y las condiciones del tiempo son
apropiadas.
*(Stroud, William, The Physical
Causes of the Death of Christ, N.Y.’ Appleton,
1871, p. 422)
De acuerdo con Alban Butler,
en el año 297 DC, por orden del emperador
Maximiano, siete cristianos en Samosata fueron
sujetos a diversas torturas y luego crucificados.
Hipparchus, uno de ellos, hombre anciano y
venerable, murió en la cruz en breve tiempo.
Santiago, Romanus y Lollianus, expiraron al
siguiente día, siendo acuchillados por los
soldados mientras estaban en sus cruces.
Philotheus, Habibus y Paragrus, fueron bajados de
su cruces aún estando vivos. El emperador, una vez
informado de que aun vivían, dio la orden de que
grandes clavos fueran introducidos en sus cabezas,
con lo cual fueron finalmente despachados (Butler,
Alban, Lives of the Fathers, London, 1812-1815,
Vol. VI, p. 251,252).
William Stroud
menciona un reporte del Obispo Wiseman escrito en
1828, en el cual un hombre joven, de gran
fortaleza física, fue crucificado en 1247 D.C.,
debajo del muro de Damasco por haber dado muerte a
su señor (amo). El obispo reportó que a pesar de
que este hombre fue clavado a la cruz en sus
manos, sus brazos y sus pies, se conservó con vida
desde el mediodía del viernes hasta el mediodía
del domingo, un período de 48 horas (Wiseman,
Bishop, Twelve Lectures on the Connection Between
Science and Religion, London, 1836, Vol. 1, p. 265
ff).
John Kitto mencionó dos mujeres
que fueron crucificadas, pero por alguna razón
fueron bajadas de la cruz luego de un período de
tres horas. Ellas experimentaron un dolor intenso,
aparentemente de la extracción de los clavos, pero
aparte de eso sufrieron muy poco daño y pronto se
recuperaron. Kitto expresó su creencia de que,
basado en su investigación de actos de crucifixión
en la antigüedad, que el lapso de tiempo más corto
en el cual la crucifixión ocasiona la muerte en un
adulto sano es de 36 horas (Kitto, John, A
Cyclopedia of Biblical Literature, Edinburgh,
Black, 1845, Vol. 1, under Crucifixion, p.
500).
Ahora, volviendo a nuestro Señor
Jesucristo, es posible que los judíos tuvieran la
expectativa de que Pilato ejecutara a Jesús
primero, y luego les entregara su cuerpo a ellos
para que ellos dispusieran de éste a su voluntad.
Ciertamente podemos decir que las implicaciones de
las conversaciones con Pilato dejan entreveer
esto.
Y eso hubiera sido lo que le convenía
a los judíos, lo que se ajustaba mejor a sus
planes. ¿Por qué? Porque luego de recibir el
cuerpo de manos de Pilato, ellos lo hubieran
puesto en un madero, exhibiéndolo, y de esa forma
hubieran demolido la fuerza del reclamo mesiánico
de Cristo sin el riesgo de crear un disturbio
entre la gente. Al exponer el cuerpo de Jesús en
el madero en forma pública quedaría claro para la
gente, pensaban los líderes, que la maldición de
Dios estaba sobre él. Ellos esperaban que Pilato
lo matara y luego se los entregara muerto, de esa
forma se evitaban la posibilidad de una revuelta
popular.
Es por ello que cuando Pilato les
dijo, en Juan 19:6: "Tomadle vosotros, y
crucificadle; porque yo no hallo delito en él",
los judíos responden de una manera muy peculiar:
"Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley
debe morir".
¿Se dan cuenta? Lo esperado en
un caso de estos era que los judíos hubieran
dicho: "¡Bravo! ¡Fantástico! ¡Gracias Pilato! Eso
es lo que queríamos". Pero no, sus palabras fueron
muy diferentes.
Pilato les dice: "Tómenlo,
les doy el derecho o la autoridad de
crucificarle". La respuesta de los judíos más
adecuada hubiera sido: "Está bien, lo haremos
nosotros". Pero no, los judíos dijeron: "Nosotros
tenemos una ley y según nuestra ley debe
morir''.
Puesto de otra forma, lo que los
líderes judíos dicen es: "Si nos entregas a Jesús,
aun dándonos el derecho de crucificarle nosotros,
es muy probable que no muera en la cruz. ¿Por qué?
Porque la ley mosaica nos obliga a bajar el cuerpo
al final del día, cuando el sol se pone, y es muy
probable que para ese entonces no esté aun muerto.
Y en ese caso tenemos que proceder a conservarle
la vida".
Tengan en cuenta que ya la mañana
estaba avanzada, y sólo quedaban de doce a catorce
horas antes de que cayera la noche. Hasta fue
posible que Pilato supiera la parte de la ley en
Deuteronomio 21:22-23, que prohibía dejar a nadie
en un madero toda la noche:
"Si alguno
hubiere cometido algún crimen digno de muerte; y
lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero
(observen que primero es morir - la ejecución - y
luego el colgar en un madero) no dejaréis que su
cuerpo pase la noche sobre un madero; sin falta lo
enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios
es el colgado, y no contaminarás tu tierra que
Jehová te da por heredad".
El nuevo día
comenzaba a las 6 pm, sólo quedaban de 12 a 14
horas para que Jesucristo colgara en la cruz. La
posibilidad de que Jesucristo sobreviviera la
crucifixión era factible. Es por esto que los
judíos rechazan la proposición de Pilato de que
ellos llevaran a cabo la ejecución mediante el
método de crucifixión.
Pilato no sólo sabía
la ley de Dt. 21:22-23, sino que sin duda también
conocía la capacidad del cuerpo humano de
sobrevivir esta clase de ejecución.
Ahora,
cuando Pilato escuchó, "Nosotros tenemos una ley y
según nuestra ley debe morir", se nos dice que
Pilato temió aun más por la vida del prisionero
("Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo"
Jn. 19:8). Esto nos indica que él sabía que
entregar el prisionero a los judíos para que lo
crucificaran ellos mismos, no iba a resultar en la
muerte del prisionero.
Si la crucifixión
era llevada a cabo por los romanos, entonces los
judíos sabían que la muerte del prisionero estaba
asegurada (debido a que los romanos los dejaban
morir en la cruz, o en su defecto, les rompían las
piernas si era la víspera del sábado, solo por
respeto a los festivos religiosos de la
nación).
Inferencia: Pilato los
invitó a crucificarlo, pero no a ejecutarlo.
Posible objeción a la inferencia anterior:
Los judíos podían haberlo crucificado y luego de
unas horas le podrían haber quebrado las piernas
para que muriera por sofocación.
Respuesta:
Por más odio que los judíos albergaran, realmente
no eran tan crueles, de tanta sangre fría como
para asestar un golpe de gracia a Jesús de esa
forma, al menos no delante de tantas personas
presenciando el hecho alrededor de la
cruz.
Nosotros reconocemos que la mayoría
de los comentaristas no ven a Pilato tan
favorablemente como nosotros lo hacemos. Algunos
piensan que Pilato tuvo miedo simplemente porque
era un hombre supersticioso y temía que el Señor
podría hacerle daño más tarde por medio de la
magia. Yo creo que la evidencia muestra a Pilato
como un hombre de carácter medianamente
decente.
Supongamos por un momento que
Pilato no sólo estaba convencido de que Jesús era
inocente de los cargos que se le imputaban, sino
que también fue genuinamente impresionado por la
estatura del hombre que tenía frente a sí. No
tenemos que suponer que Pilato comprendió quién
era Jesús, su identidad o su misión. El
simplemente estudió al hombre, estudió a la
situación, y se dio cuenta que los judíos lo
habían entregado por envidia, y nada más. ("Porque
conocía que por envidia le habían entregado los
principales sacerdotes..." Mr.
15:10).
Pilato también debió ser un hombre
conocedor de las costumbres judías, de la ley y la
mentalidad nacional de la época. Los romanos no
eran tontos, eran administradores muy capaces, y a
pesar de ser crueles para castigar criminales,
parecían tener un sentido de la justicia bien
desarrollado - con excepción de cómo trataban a
los esclavos. Es prácticamente ilógico que los
romanos nombraran gobernadores a hombres que no
conocían las costumbres y las leyes de los pueblos
que iban a gobernar.
Sumado a esto, Pilato
sabía que la crucifixión de una persona viva
significaba una agonía lenta hasta la muerte.
Prueba de ello es que se sorprendió (ethaumasen)
de que el Señor hubiese muerto tan pronto, aun
después de haber sido torturado antes de la cruz
("Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y
haciendo venir al centurión, le preguntó si ya
estaba muerto" Mr. 15:44). Era completamente fuera
de la ordinario que cualquier persona crucificada
muriera en tan pocas horas.
Entonces,
volviendo atrás, cuando Jesús es sacado afuera
(Jn. 19:40), luego de haber sido maltratado y
ridiculizado, Pilato les mostró a los judíos un
hombre lastimosamente desfigurado, más allá del
punto de reconocimiento. Pilato les dijo
prácticamente: "He castigado a este hombre ha
pesar de que no hay en él ningún delito de
traición o de nada". Lo que hizo Pilato fue un
intento de apelar a la compasión de los judíos
para que sintieran lástima por Jesucristo, pero le
salió el tiro por la culata.
Que Cristo no
había cometido delito de traición al imperio
romano era precisamente lo que la multitud no
quería escuchar. Si Pilato hubiera dicho, "Este
hombre es culpable de traición, estaba planeando
derrocarnos", la simpatía de la multitud se
hubiera inclinado quizá totalmente a favor de
Jesús, y él hubiera proyectado, involuntariamente,
la imagen mesiánica que sus deseos habían
fabricado.
No hubiera sido nada extraño
que Pilato, al ver la hostilidad de la gente en
aumento, les hubiera dicho, "¿Qué es lo que
quieren de mí?" Y cuando ellos gritaron,
"Crucifícale, crucifícale" - en ese punto, Pilato
ya dijo: "Muy bien, si debe ser así, a los efectos
de conservar la paz, tomadle vosotros y
crucificadle".
La respuesta de las
autoridades judías ya la hemos visto. Pilato
entonces vuelve a la quietud del pretorio (v.9) a
interrogar a Jesús. Al leer los cuatro evangelios,
es difícil no llevarse la impresión de que Pilato
estaba realmente consternado con lo que estaba
pasando. Pero tuvo problemas para tomar una
decisión en cuanto a lo que debía hacer. Entonces,
una vez más toma su prisionero, lo presenta a la
multitud, y dice: "¡He aquí vuestro rey!" (v.14),
y cuando ellos gritaron: "¡Fuera, fuera,
crucifícale!", repentinamente se dio cuenta, por
fin, de lo que los judíos esperaban de él. Es por
ello que dice en en el v. 15: "¿Ustedes están en
realidad pidiéndome que crucifique a vuestro rey
por ustedes?"
En ese momento, Pilato debe
haber comprendido claramente que si bien los
judíos estaban decididos a ver a Cristo
crucificado, no tenían el suficiente estómago como
para crucificarlo (colgarlo de un madero) ellos
mismos, a menos que Jesús estuviera muerto
primero.
Ellos contestaron "No tenemos más
rey que César", y ahí Pilato fue dejado sin otra
alternativa desde el punto de vista político. A
partir de ese entonces las implicaciones políticas
tomaron preferencia sobre lo que hasta ahora
habían sido consideraciones humanitarias y
morales. Pilato entregó a Jesús en manos de los
judíos, pero en custodia de los soldados romanos.
El versículo 16 dice: "Así que entonces lo entregó
a ellos para que fuese crucificado. Tomaron pues a
Jesús y le llevaron".
Cerramos este punto
aquí. Dios, en su plan, había determinado desde
antes de la creación del mundo, que la muerte de
Jesús se iba a producir en una cruz.
Inferencias:
1) Todos los intentos
de los humanos por que Jesucristo muriera en una
forma diferente no tuvieron éxito. Los intentos de
los judíos de matar a Jesús medicante apedreo,
fracasaron.
2) Aun el intento de que
Pilato ejecutara a Jesús primero y luego se lo
diera a los líderes judíos para que estos lo
colgaran en un madero, ya muerto, como los judíos
acostumbraban, también fracasó.
3) Los
planes de Pilato de salvar a Jesús también
fracasaron. El plan de Dios no pierde detalle, y a
medida que se cumple al pie de la letra, no quita
un gramo de responsabilidad de los hombros de
aquellos que participaron en todo este
drama.
4) También podemos decir con
confianza que si los romanos hubieran usado
cualquier otro método de ejecución
(envenenamiento, desangrado, decapitación,
ahogamiento, etc.), el plan de Dios hubiera sido
frustrado debido a que sólo la cruz podía proveer
el tiempo necesario para que sucedieran ciertas
cosas necesarias, imprescindibles, para nuestra
redención.
5) También el procedimiento
necesario para traer a Cristo a la cruz, es decir,
el enjuiciamiento en tres diferentes tribunales,
fue necesario para establecer la inocencia de
Cristo. Si lo hubieran asesinado los judíos en uno
de sus arranques donde estuvieron a punto de
apedrearlo, los testigos necesarios para
establecer la inocencia o culpabilidad del
prisionero no hubieran quedado registrados en la
historia.
6) El factor tiempo - Hubo obras
que Jesucristo tuvo que cumplir estando en la
cruz, que hubieran sido imposible de llevarse a
cabo si el modo de ejecución hubiese sido otro. He
aquí algunas:
a. La oportunidad de que
muchos de los que pidieron su crucifixión se
arrepintieran y fueran salvos más tarde, algo que
ocurrió en ocasión del primer discurso de Pedro.
Esto fue respuesta a su oración estando en la
cruz: "Padre, perdónalos porque no saben lo que
hacen". (Lc. 23:34)
b. Simón de Cirene fue
reclutado para ayudar a cargar la cruz (Mr.
15:21). Este encuentro dramático con Jesús, de
alguna manera tocó su vida y probablemente resultó
en su salvación. En la carta a los Romanos, Pablo
menciona en sus saludos finales a Rufo, hijo de
Simón de Cirene, y a su madre, ambos siervos en
Cristo apreciados por Pablo.
c. La
salvación de uno de los otros dos
crucificados.
d. La encomendación de su
madre a la protección de Juan. (Jn.
19:26-27)
e. La entrega voluntaria de su
espíritu humano. (Mt. 27:50; Mr. 15:37; Lc.
23:46)
Téngase en cuenta que no mencionamos
las profecías que fueron cumplidas durante su
estancia en la cruz. Pero esto lo dejamos de tarea
para el estudiante que ama la Biblia.
Conclusión: Sólo la cruz, ningún
otro método de ejecución hubiera hecho posible la
ofrenda sacrificial de Jesús que garantiza nuestra
salvación.
11. ¿Quién mató a
Cristo?
La entrega voluntaria de su espíritu
humano Mt.27:50; Mr. 15:37; Lc.
23:46.
Podría ser que algún día en el
futuro cercano se encontraran archivos con
documentos de los Romanos del tiempo de Cristo.
Estos documentos testificarían que, junto con
otros dos criminales, uno de nombre Jesús, fue
ejecutado mediante muerte por crucifixión bajo la
gubernatura de Poncio Pilato.
Sin duda
este tipo de descubrimiento arqueológico sería
recibido con beneplácito por aquellos que creemos
en la completa veracidad histórica de la Biblia.
Sin embargo, el contenido del documento, ¿sería la
verdad? ¿O reflejaría nada más que la realidad
percibida por un mundo que supuso - y aun supone -
que Jesús murió por las heridas infligidas por la
cruz?
Pedro, por ejemplo, hablando en el
poder del Espíritu Santo, dijo en Hchos 2:23, que
los judíos mataron a Jesucristo. ¿Estaba Pedro
afirmando que los judíos realmente mataron al Hijo
de Dios en la práctica? ¿O estaba hablando desde
el punto de vista que pone la responsabilidad
sobre los judíos, porque en su acto de maldad, el
intento fue definitivamente acabar con la vida de
Jesús?
De la misma forma que el que
adultera en su corazón es considerado un adúltero
completo ante los ojos de Dios (Mt. 5:28), Pedro
puede acusar a los judíos de haber matado a
Jesucristo.
Pero nosotros sabemos por las
Escrituras que Jesús no fue muerto por los judíos,
ni por los romanos tampoco, dicho sea de paso. El
dijo claramente en Juan 10: 17-18, que nadie podía
quitarle su vida. La muerte del Señor fue algo
totalmente llevado a cabo por él, pero no fue de
ninguna manera un suicidio. Tampoco fue el acto de
un mártir.
Leamos Juan 10:17-18: "Por eso
me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para
volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que de
yo mismo la pongo, tengo poder para ponerla, y
tengo poder para volverla a tomar".
La
clásica interpretación de estas palabras es que
Jesucristo expresó que él se sometería a ser
crucificado a su debido tiempo, y no antes. Como
apoyo para esta interpretación se cita lo que dice
la Biblia de que nadie le hechó mano porque no
había llegado su hora. Luego, más adelante, él
mismo anuncia "Ha llegado mi hora", en Marcos 14:
41-42, y entonces la autoridades romanas llevaron
a cabo la tarea siniestra. Entonces, si no miramos
más profundamente en la Escritura, nos vamos a
conformar con la explicación de que respecto a su
muerte, Jesucristo sólo escogió el momento en que
se iba a entregar en manos de sus
enemigos.
Pero si escudriñamos un poco más,
vamos a ver que esta interpretación está
equivocada. En Isaías 53:7 se nos dice que él fue
conducido como oveja al matadero - esto fue obra
de los hombres - pero en Hebreos 7:27 dice que
Jesucristo se ofreció a sí
mismo.
Entendamos bien, Jesús se sometió a
que lo condujeran, pero cuando llegó el momento,
fue Jesús mismo el que inició la ofrenda de su
propia vida. En el más literal de los sentidos,
nadie quitó su vida, él la puso enteramente como
sacrificio.
Es necesario en este punto
reiterar conceptos ya vertidos, y que son
esenciales para determinar que un análisis
teológico nos lleva indefectiblemente a la
conclusión de que ni romanos ni judíos mataron, en
definitiva, a Jesús.
Tenemos que entender
que Jesucristo, como el hombre perfecto, sin
pecado, era inmortal. No estoy hablando de su
divinidad, estoy hablando de su naturaleza humana
- olvidemos por un momento que era Dios encarnado
- en su humanidad, la muerte no tenía ningún poder
sobre él.
Jesús fue sin pecado. Al no
tener pecado, la muerte no tenía poder sobre él.
Podría haber vivido aquí en la tierra para
siempre. No es que Cristo murió en la cruz a los
33 años de edad, y si no hubiera pasado así
hubiera vivido hasta los 70 u 80 años y luego
hubiera muerto de muerte natural. No, su muerte no
fue una muerte prematura causada por la cruz. Fue
una muerte voluntaria.
Jesús escogió por un
acto de su voluntad, morir, entregar el espíritu,
darle mandamiento u ordenarle que dejara el
cuerpo. El podría haber sustentado su vida aun
estando en la cruz indefinidamente - aun más, la
tentación de bajarse de la cruz cuando le
provocaban a que lo hiciera, debió de haber sido
terrible. Pero no lo hizo, escogió morir.
Y
en eso consiste la "muerte vicaria"
(sustitucional) en el sentido teológico. Que la
persona que muere en lugar de otros, no muere
prematuramente, sino que no tenía que morir, era
inmortal.
Juan 19:30 dice: "Cuando Jesús
hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y
habiendo inclinado la cabeza, entregó el
espíritu".
El griego aquí (paradidomi)
significa: "entregar sin compulsión como un acto
de libre albedrío y por una decisión personal".
Reitero, Cristo no murió por sus heridas en la
cruz. Yo sé que hemos escuchado últimamente
extensos estudios sobre las causas físicas de la
muerte de Jesús. Se nos ha explicado cómo la
crucifixión mata a la persona, el proceso de
agonía que resulta en la muerte del crucificado, y
si bien Cristo estuvo en la cruz por unas horas y
experimentó algunos de los deterioros físicos de
la crucifixión, no fue ésta la que terminó con su
vida.
Cuando su obra en la cruz estuvo
consumada (culminó), ya no había necesidad de
continuar con el proceso, y entonces entregó su
espíritu. Pilato mismo se sorprendió de que
hubiera muerto tan pronto.
Médicamente se
ha dicho que la causa final de la muerte de Jesús
fue ruptura cardíaca, consistente con la
descripción de Juan de que cuando el soldado le
abrió el costado con la lanza, salió agua y sangre
(19:34).
Nosotros creemos que sí
experimentó ruptura cardíaca, pero hay evidencias
médicas y bíblicas, de que la ruptura sucedió
antes de la cruz. Un análisis de las pruebas se
encuentra más allá del alcance de esta ponencia y
de nuestra competencia, pero recomendamos leer :
Arthur Custance, Seed of the Woman, Heart Rupture:
A Possible Cause for the
Lord’sDeath?AppendixVII, http://www.custance.org/Library/SOTW/APPENDIXES/App_VII.html
Una
lectura cuidadosa de las investigaciones de este
científico conduce a la conclusión que Cristo
murió con una ruptura cardíaca, pero no por causa
de ella.
12. Resurrección
corporal
¿Por qué una resurrección
corporal? Contrario a las religiones del mundo, la
teología cristiana no es un sistema de creencias
desconectadas sin una coherencia esencial entre
los elementos que la componen, sino un total
orgánico, un sistema de pensamiento racional
lógicamente defensible si se le preserva en su
totalidad. Este sistema de pensamiento, por otra
parte, puede parecer totalmente irracional si se
le presenta como un catálogo de creencias
tradicionales, algo que ocurre mucho en la iglesia
moderna. ¿Cuál es, entonces, la importancia y la
necesidad de que el Señor tuviera que ser
levantado corporalmente de la muerte?
Alguien podría contestar que la importancia y la
necesidad del suceso reside en que la profecía de
Juan 2:19 ("este templo") debía de ser cumplida.
Pero ninguna profecía es hecha específicamente
para proveer una justificación del por qué sucede,
por lo tanto, investiguemos un poco más.
En
Juan 2:19, Jesucristo enuncia la profecía de su
resurrección corporal:
"Y los judíos
respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos
muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les
dijo: Destruid este templo, y en tres días lo
levantaré. Dijeron los judíos: En cuarenta y seis
años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días
lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su
cuerpo" (Jn. 2:18-21)
Notemos que Juan,
el autor del pasaje, junto con la narración de la
historia, nos interpreta lo que Cristo quiso decir
cuando usó la expresión "este templo". Jesús usó
un eufemismo para referirse a su propio cuerpo. La
segunda cosa que deseo notar es que la referencia
es a su mismo cuerpo, el cuerpo que él poseía
cuando estaba hablando con los judíos. Yo sé que
aquí puedo estar penetrando en terreno poco
explorado en estos tiempos modernos. Es aceptado
que Cristo resucitó en un cuerpo glorificado.
Obviamente, el cuerpo de Cristo en determinado
momento posterior a su resurrección tenía la
capacidad de atravesar paredes, de desaparecer
instantáneamente, de transportarse de un lado a
otro solo por un acto de la voluntad, de hacerse
visible e invisible a voluntad,
etc.
Pruebas de estas cosas las podemos ver
en las narraciones bíblicas de Sus apariciones a
los discípulos. En mi opinión, si bien las
propiedades del cuerpo de Cristo revelan un cuerpo
glorificado, éstas no estaban presentes en los
momentos iniciales que siguieron a su
resurrección, cuando se presentó a María Magdalena
(Jn. 20:1s). Es nuestra opinión que la
glorificación del cuerpo de Cristo tomó lugar
posteriormente a su primera presentación en los
cielos.
Mi proposición consiste en tomar la
profecía de Cristo (Jn. 2:19) tal y cual fue
planteada por él, y que su promesa fue respecto a
su cuerpo de carne y sangre, el mismo que poseía
en el momento que confrontó a los judíos en el
templo. Ese fue el cuerpo que recuperó la vida
y salió de la tumba. Esto no es negar que más
adelante el cuerpo glorificado no tuviera una
correspondencia de uno a uno con el cuerpo de su
vida terrenal. El hecho de que en determinado
momento, el cuerpo de Cristo pasó a tener la
facultad de hacerse visible e invisible
repentinamente, no disminuye su humanidad. Por el
contrario, la aumenta, porque demuestra que el
cuerpo de la resurrección tiene atributos y
poderes extraordinarios, y es un cuerpo
glorificado que se mueve en el ámbito de lo
sobrenatural, o sea, puede operar en diferentes
dimensiones. Dicho sea de paso, es el mismo cuerpo
que nosotros tendremos (Fil. 3:21):
"...transformará el cuerpo de la humillación
nuestra para que sea semejante al cuerpo de la
gloria suya".
Pero por ahora, vamos a ver
el apoyo escritural para creer que el cuerpo que
salió de la tumba en principio, fue un cuerpo con
las mismas limitaciones humanas que tenía antes de
morir en la cruz. He aquí lo que
sabemos:
1. Se nos dice que El se resucitó
a sí mismo (Jn. 2:19).
2. Pero se nos dice
que un ángel, no Cristo mismo, movió la piedra que
sellaba la tumba. Esto sugiere que en principio,
su cuerpo tuvo limitaciones en cuanto a lo que
podía hacer.
3. En su primera aparición
(Jn. 20:17) le prohibe a María Magdalena
tocarlo.
4. En su segunda aparición (Mt.
28:1-10), a diferencia de la primera, permite a la
misma María Magdalena y a otra mujer que abracen
sus pies (Mt. 28:9).
La información previa
origina las siguientes preguntas:
1. ¿Por
qué fue un ángel el que "removió la piedra" (Mt.
28:2)? ¿Por qué el Señor no pasó a través de ella
como pasó a través de las paredes del lugar donde
se reunían los discípulos (Jn. 20:26)? ¿Por qué el
Señor no removió la piedra él mismo con su poder
total recuperado en la resurrección?
2.
¿Por qué le prohibió a María Magdalena hacer
contacto físico con El (Jn. 20:17)? ¿Qué quiso
decir con la explicación que le dio a María
Magdalena del por qué no debía tocarlo? ("porque
aún no he subido a mi Padre").
3. Cuando
María volvió acompañada a la tumba, ¿por qué
Cristo permitió a las mujeres abrazar sus pies?
Esto constituyó contacto físico, el cual
anteriormente había sido negado a
María.
Nosotros creemos que las respuestas
a estas preguntas son las siguientes:
a) El
cuerpo con el cual el Señor resucitó fue el mismo
cuerpo de carne y sangre que colgó en la cruz
("este templo"). Sus limitaciones terrenales
permanecieron por un tiempo. Tal cuerpo no era
capaz de rodar la piedra que cerraba la tumba, es
por ello que un ángel tuvo que hacerlo.
b)
Aún quedaba algo más que hacer en su cuerpo
terrenal, no para completar la redención, eso lo
hizo en la cruz como el cordero ("consumado es"),
sino para cristalizar su función de sumo
sacerdote. La tarea consistió en presentarse en
los cielos con su propia sangre, o sea, los
méritos de su sacrificio. Cristo estaba a punto de
ascender a los cielos y por ello detuvo a María
antes de que lo tocara. En el antiguo pacto,
cualquier contacto humano con el sumo sacerdote
contaminaba instantáneamente al sacerdote y lo
descalificaba. Es por ello que en el gran día de
la expiación había un sacerdote suplente o de
reserva, en caso de que el sumo sacerdote asignado
para ese año accidentalmente se contaminara al
tener roce con un ser humano. Esta es la razón de
la prohibición a María Magdalena. Cualquier toque
de un humano (naturaleza pecaminosa de por medio)
hubiera rendido a Cristo incapaz de presentarse
ante Dios para completar su obra de sumo
sacerdote.
Nota:
El autor está
en conocimiento de que algunos comentaristas
interpretan las palabras de Jesús, "No me toques"
(del griego "haptomai", "aferrarse"), como
expresando: "No te aferres a mí como lo hacías
antes, he vuelto a la vida pero no en la misma
forma que Lázaro, sino para no quedarme entre
vosotros". Puede ser, pero nosotros pensamos que
la explicación no hace justicia al resto de la
evidencia en la Escritura.
c) Esta
ascención de Cristo fue diferente a la ascención
después de los cuarenta días. Fue una ascención
seguida de un regreso inmediato a la tierra.
¿Existe apoyo escritural para pensar que Cristo
realmente ascendió a su Padre y su Dios en calidad
de sacrificio perfecto y sumo sacerdote? Creemos
que sí. Hebreos 9:11-15 dice:
"Pero
estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los
bienes venideros, por el más amplio y más perfecto
tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de
esta creación, y no por sangre de machos cabríos
ni de becerros, sino por su propia sangre, entró
una vez en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido
eterna redención. Porque si la sangre de los toros
y los machos cabríos, y las cenizas de la becerra
rociadas a los inmundos, santifican para
purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de
Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se
ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará
vuestras conciencias de obras muertas para que
sirváis al Dios vivo? Así que, por eso es mediador
de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte
para la remisión de las transgresiones que había
bajo el primer pacto, los llamados reciban la
promesa de la herencia eterna".
Nótese
que cuando Jesucristo entró en el Lugar Santísimo,
ya había obtenido nuestra redención. Su entrada
fue posterior al logro de nuestra salvación y por
lo tanto no fue para obtenerla, sino para dar
testimonio de que ya había sido consumada.
Otros pasajes que revelan el hecho de
el Señor logró algo en los cielos como testimonio
de la obra de salvación, son: Hebreos 9:24;
10:19-22; 1 Pedro 1:18,19.
d) Deducimos que
Cristo presentó su sangre, o su cuerpo
ensangrentado como mérito de su sacrificio, porque
el cuerpo con el que regresó a sus discípulos
muestra evidencias de haber sufrido una
metamorfosis significativa. Es ahora, luego de su
presentación en el Lugar Santísimo, que regresa a
la tierra en un cuerpo glorificado, el cual no
solamente permite tocar por parte de los
discípulos (Mt. 28:9), sino que además invita a
sus discípulos a palparlo de modo que se den
cuenta que el que está frente a ellos, es él (Lc.
24:39).
La ascención que Cristo anuncia a
María Magdalena en Juan 20:17, no puede ser la
ascención final que marca el fin de su presencia
visual entre los discípulos al término de los
cuarenta días. El cuerpo de Cristo ahora, ya no es
idéntico al que estuvo frente a María. Un cambio
de cierto tipo tomó lugar durante el intervalo
entre las dos apariciones (Jn. 20:17 y Mt.
28:9).
Pero, ¿no dice la Biblia que
"carne y sangre" no puede entrar en el cielo?
¿Cómo pudo Jesús ascender al cielo con su cuerpo
de carne y sangre?
Esta, a primera
vista, parece ser una objeción justificada. 1
Corintios 15:50 expresa: "Pero esto digo
hermanos, que la carne y sangre no pueden heredar
el reino de Dios, ni la corrupción hereda la
incorrupción".
Como una nota
adicional, digamos que esta objeción es también
planteada por los testigos de Jehová para
justificar su doctrina de que Jesucristo no
resucitó en un cuerpo físico. Dicen que esto es
prueba de que nada que tenga un cuerpo físico
puede entrar en el cielo, por eso hay que tener un
cuerpo espiritual, y eso es lo que tendrán sólo
los 144,000 (los únicos que nacerán de nuevo, y
estarán en el cielo con Cristo). Los demás, la
gran multitud (el resto de los testigos de Jehová,
por supuesto) estarán aquí abajo, en el paraíso
terrenal, con cuerpos físicos. Nosotros tratamos
con la refutación de este argumento en otro
escrito y por ello no elaboraremos en el
tema.
Lo que hoy nos concierne, es explicar
que el cuerpo de Jesucristo no tuvo ningún
problema en acceder a los cielos ya que su cuerpo,
"carne y sangre", era incorrupto, puro, perfecto,
al igual que su espíritu humano. La expresión
''carne y sangre" de 1 Corintios 15:50 no aplica a
Jesús.
"Carne y sangre" es una expresión
idiomática que significa "seres humanos", nada
más.
Significa "humanidad tal cual es ahora,
mortal".
Ejemplos:
Marcos 16:17:
"Bienaventurado eres, Simón, Hijo de Jonás, porque
no te lo reveló carne ni sangre, sino mi
Padre que está en los cielos". En otras palabras,
"No te lo dijo ningún hombre, ningún humano,
ningún mortal".
Efesios 6:12: "Porque no
tenemos lucha contra carne y sangre ..."
Gálatas 1:16: "... no consulté en
seguida con carne y sangre ..."
Entonces, la interpretación natural de 1
Corintios 15:50, es que nuestros cuerpos, tal y
cual existen ahora, no son adecuados o aptos para
entrar o vivir en la dimensión celestial. Esto es
confirmado por los versículos siguientes, donde
dice que es necesario que lo "corruptible se vista
de incorrupción y lo mortal se vista de
inmortalidad". En el caso de Cristo no hubo
necesidad de esto porque su cuerpo y espíritu eran
incorruptibles y virtualmente
inmortales.
El cuerpo glorificado de
Cristo
La forma y aspecto del cuerpo de
Cristo al regresar a la tierra para aparecerse por
cuarenta días a los discípulos, eran los mismos,
pero la fuerza vital que animaba el cuerpo era
diferente. La fuerza vital de los cuerpos
terrenales es la sangre, pero el cuerpo de Cristo
ahora parece no poseer sangre ya más.
Lucas 24:39 nos narra en las palabras del
Señor mismo, algo que parece indicar el cambio del
que venimos hablando. En este pasaje, Jesús
asegura a sus discípulos que un espíritu no tiene
carne y huesos como El tenía. Este es un cuerpo
real, a pesar de que podía atravesar sustancias
sólidas como paredes o puertas. Tenía la capacidad
de comer delante de todos y transformar los
alimentos ingeridos de tal forma que podían
desaparecer junto con Jesús cuando se retiraba.
Les invitó a palparlo. Para nosotros es imposible
de entender, ¿cómo un cuerpo puede ser tocado y al
mismo tiempo atravesar silenciosamente un objeto
sólido?
A sus discípulos dijo: "Mirad mis
manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved;
porque un espíritu no tiene carne ni huesos,
como veis que yo tengo". Singular descripción de
su propio cuerpo, ¿verdad? Si bien la expresión
"carne y huesos" es común en el Antiguo Testamento
(Gn. 2:23; 29:14; 2 S. 5:1; 19:12,13), no es así
en el Nuevo Testamento. La frase griega normal es
"carne y sangre" (Mt. 16:17; 1 Co. 15:50; Gá.
1:16; Ef. 6:12), y en forma levemente modificada
también la encontramos en Juan 1:13.
El
punto es que nuestro Señor Jesucristo, al derramar
su sangre por nosotros, no sólo logró nuestra
redención, sino que también obtuvo una forma de
existencia corporal más exaltada, en la cual la
sangre ya no juega un papel vital. La Escritura
muestra que ahora Cristo posee, no el cuerpo de
carne y sangre que estuvo en la cruz, sino uno
glorificado de carne y huesos, real, pero
diferente en el sentido que su principio vital ya
no es la sangre.
Es aquí donde los ojos de
la fe y la mente dinámica aseguran al corazón del
creyente que nuestro Señor fue levantado de los
muertos sin corrupción ninguna, a los efectos de
que la sangre incorrupta de su cuerpo incorrupto
pudiera presentarse en los cielos y ser depositada
para toda la eternidad como testimonio de un
sacrificio total, perfecto y suficiente.
Sacrificio que él ofreció para nuestra redención.
La prueba de la aceptación de Dios de ese
sacrificio fue, primero, que Dios le resucitó de
los muertos, una circunstancia que en el Antiguo
Testamento se expresa en el retorno, con vida, del
sumo sacerdote saliendo del Lugar Santísimo luego
de rociar la sangre sobre el propiciatorio
conteniendo las leyes de Dios.
El
sacrificio de Cristo fue validado por el Padre
doblemente; segundo, el velo del templo que
separaba a Su pueblo de Dios fue rasgado de arriba
a abajo, indicando que de ahora en adelante los
creyentes tenían, simbólica y realmente
(recordemos que detrás de todo símbolo hay una
realidad), acceso directo e inmediato a la
presencia de Dios (Mt. 27:51; He. 4:16), por la
gracia de un sumo sacerdote que "traspasó los
cielos" (He. 4:14).
Estas cosas no son
narradas en forma consecutiva o como parte de una
historia bíblica compactada, de forma que sean
obvias al lector común. Son presentadas, más bien,
en forma velada si se quiere, para que el
estudiante que ama la palabra de Dios, las
encuentre como quien encuentra tesoros escondidos.
En eso consisten los galardones de los que
escudriñan la Escritura y aman la Palabra de
Dios
13. ¿Fue incompleta la
expiación? ¿Queda algo por hacer?
¿Dejó Cristo algo por hacer? ¿Fracasó
en lograr una redención completa? ¿Pueden los
destinatarios de su salvación poseerla y perderla
luego? ¿Tiene el hombre pecador algo que
contribuir a la obra de Jesucristo, o Cristo lo ha
hecho todo? ¿Aseguró Cristo, o no, la salvación de
aquellos por los cuales murió?
1. ¿Fue
completa la expiación con respecto a satisfacer
totalmente el carácter de Dios, la ley de Dios, el
pecado y lo que el hombre necesita para ser salvo
como consecuencia del pecado?
2. ¿Fue la
expiación completa con respecto a que aseguró
realmente la salvación de aquellos que serían
salvos? Ninguna obra puede ser considerada
completa, perfecta, o terminada, si falla en
lograr las metas propuestas.
Ilustración:
El hijo que es enviado a traer el pan - la misión
es incompleta si le promete al padre que lo va a
traer y no lo hace. La misión se completa cuando
el pan está en casa.
De la misma manera,
Cristo no vino meramente a lograr que la salvación
sea posible. Vino enviado por el Padre a salvar
pecadores.
¿Acaso los ángeles no dijeron o
prometieron que "El salvará al pueblo de sus
pecado"? 1 Timoteo 1:15 dice que "Cristo vino a
salvar pecadores".
De esto se deduce que
Cristo aseguró la salvación eterna de aquellos por
los cuales murió.
¿Debemos enseñar que el
pecador debe agregar algo a su propia salvación?
Ese algo se puede llamar de diferentes maneras:
obras, méritos, indulgencias, aún fe y
arrepentimiento. Sea lo que sea, siempre el
pecador es visto como haciendo su parte en la
salvación.
Pero por el contrario, la
Escritura siempre muestra que el sacrificio de
Cristo es el que provee los dones de fe y
arrepentimiento, y aun de pilón (o yapa), incluye
las obras.
Hechos 5:31 dice que es Cristo
el que nos da arrepentimiento para perdón de los
pecados. Hch. 11:18, 16:14; 2 Tim. 2:25; Fil.
1:29, 2:13, dicen lo mismo.
¿Ve usted, mi
amigo lector? La obra de Cristo se considera
completa porque garantiza hasta los medios por los
cuales la salvación se recibe.
Por
naturaleza somos esclavos del pecado (Jn. 8:34) y
carecemos la habilidad de buscar a Dios y a
Cristo, o de arrepentirnos del pecado y creer en
el evangelio (Jn. 6:44; Ro. 3:11; 8:7; 1 Co. 2:14;
12:13).
A menos que seamos regenerados
desde arriba, nacidos espiritualmente, o nacidos
de Dios, nunca veremos el reino de los
cielos.
Por lo tanto, Cristo necesariamente
debió lograr una salvación completa, en la cual El
asegura nuestra aceptación de ella por medio de la
gracia. Es por gracia que creemos (Hch. 18:27), es
la gracia soberana de Dios la que abre nuestros
corazones.
Cualquier posición que ignora o
rechaza el éxito total de la expiación, rechaza
también la perfección de la expiación. Y al hacer
eso, acusa a nuestro Salvador de fracasar en la
obtención de una salvación total.
Cuando
usted llegue al cielo, recuerde, le debe todo a
Cristo. Todo fue gracias a Cristo. Usted no puede
atribuirse ningún mérito. Usted no tiene nada para
contribuir a su salvación.
Recordemos eso
cuando estemos de rodillas, orando y alabándole.
Toda la gloria, la alabanza y el honor son para
Dios, porque El lo ha hecho todo. Y dentro de ese
todo, está la seguridad de nuestra salvación.>>>