Por Jorge L Trujillo
Parte IV El Llamamiento Eficaz de Dios
La Gracia Irresistible
Para
comenzar esta sección lo hacemos con la siguiente pregunta ¿Es
verdaderamente ‘irresistible’ el llamado de Dios al pecador, o no lo
es? Muchos estudiantes de la
Biblia, sin pensarlo dos veces afirman que sí lo es. Para estas personas el Evangelio es ofrecido a todas las personas
sin distinción alguna y son ellos quienes deben decidir creer o no
creer el mensaje. Todos
aquellos que creen o aceptan a Cristo son salvos pero los que le rechazan
no lo son. Preguntamos ¿porqué
es que algunos creen y otros no? Y la respuesta es simplemente que cada
persona posee “libre albedrío” para decidirse por
Cristo o no hacerlo. Es
más, muchos afirman que Dios mismo ‘ha dado’ libre albedrío (o al
menos lo da al momento de la decisión) para que puedan decidir por Cristo
y ser salvos o rechazarle y ser condenados.
Pero sigamos
indagando ¿Qué es lo que hace la diferencia entre una persona y la otra? ¿Porqué es que a un individuo al que se le muestra el camino al
cielo por la fe en Cristo lo recibe mientras que a otra persona de igual
manera se le demuestran con toda claridad las consecuencias de condenación
eterna en las llamas del infierno ardiendo si rechaza a Cristo y esta
simplemente no cree? ¿Qué hace la diferencia entre uno y otro? ¿Será
un asunto de capacidad mental? ¿Será que el evangelio lo reciben los más
inteligentes, aquellos que tienen mayor capacidad de lógica? Obviamente
la diferencia no puede estar en el hombre quién de ser así tendría algo
de que gloriarse por su capacidad de ‘raciocinio’, ‘de lógica’,
por su ‘capacidad intelectual’ o por su ‘sabiduría’. Sin embargo la realidad prueba lo contrario. Existen muchas personas que poseen un nivel de lógica mucho mayor
que la de muchos creyentes y simplemente no creen el evangelio. Hombres y mujeres que son doctores, científicos, y profesionales
de todos los campos, simplemente no creen el mensaje de la cruz. Lo que es más, el Apóstol Pablo en su carta a los Corintios
escribe diciendo “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no
sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles” (1 Corintios 1:26). Interesantemente
con todo esto, la contestación presentada
a todas estas preguntas, no es sino la misma respuesta dada al comienzo,
es a causa del ¡Libre albedrío!
Ciertamente, esta
‘teoría’ aunque muy popular dentro de la iglesia no es cierta y por
cierto se halla muy lejos de la verdad. En la primera parte a esta serie sobre “Las Doctrinas de la
Gracia”, vimos las bases bíblicas que establecen que el ser humano está
depravado a tal grado que no le interesan las cosas de Dios o por lo menos
no de la manera que Dios quiere y demanda. No-solo son las tendencias del hombre ‘continuamente hacia el
mal’ (Génesis 6:3), sino que la Biblia establece que el hombre no puede
venir a Cristo si el Padre no le trae. Jesús dijo “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me
envió no le trajere...” (Juan 6:44a). El hombre por su propio albedrío simplemente no puede venir a Cristo, Dios mismo debe traerle hacia él. Pero los proponentes de
la “teoría del libre albedrío” tratan de explicar este verso
diciendo que Dios atrae a todos los hombres a Cristo y que aunque algunos
‘escogen por su libre albedrío’ creer en Cristo, otros hombres
‘escogen en su libre albedrío’ no creer en Cristo. Sin embargo
veremos que tal enseñanza no es verdaderamente cierta. Un poco más adelante en ese mismo capitulo Jesús dijo:
Juan 6:64-65
Pero
hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía
desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de
entregar. Y dijo: Por
eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del
Padre.
Como vemos, la razón
por la que algunos no creían no es a causa del libre albedrío
sino porque a estos no les había sido “dado del Padre”. Así que lo que podemos ver en esta enseñanza es que no queda otra
conclusión que aquellos quienes creen en Cristo son aquellos que se "les
ha sido dado del Padre". El Apóstol Pablo nos habla de
estar verdad cuando dice "a vosotros os
es concedido creer por
causa de Cristo" (Col. 1:29), por lo tanto son los mismos que fueron
‘escogidos por Dios’ desde antes de la fundación del mundo como lo
estudiamos en el artículo bajo el titulo “La
Elección Incondicional” y son también los mismos por quienes
Cristo murió como lo vimos en el estudio bajo el titulo “La
Expiación Definida”.
El Albedrío del Hombre
Ciertamente
el hombre sí tiene ‘albedrío’ o ‘voluntad’, eso la Biblia no lo
niega. Lo que la Biblia no
respalda es la idea que el albedrío del hombre sea ‘libre’ (un
albedrío que es libre o 'libre albedrío') para
actuar y hacer lo correcto espiritualmente. En primer lugar, el albedrío del hombre no es libre porque
éste posee una naturaleza pecaminosa que tiende solamente hacia el mal y
aun lo ‘bueno’ que hace está infectado de pecaminosidad. La voluntad del hombre no se inclina hacia Dios sino que está en contra de lo divino, se rebela contra el creador y está en
constante guerra contra Él. En
segundo lugar, la Biblia nos declara que el hombre en el mundo se halla
bajo el control de Satanás quién no solamente controla su proceder y le
esclaviza al pecado sino que también ciega su entendimiento de tal manera
que el hombre no pueda venir a Cristo. El hombre simplemente está atado, esclavizado y cegado “sin Dios
y sin esperanza en el mundo”.
Como hemos de ver,
para que las personas sean salvadas del pecado debe de ocurrir algo en
ellos que el libre albedrío jamás podrá lograr. Dios debe traerles hacia el de alguna forma que asegure que su propósito
se cumpla. Como hemos visto,
Dios escogió desde antes de la fundación del mundo y de dentro de toda
la humanidad caída en Adán, un número incontable de personas las cuales
son llamadas ‘escogidas’. Cristo
vino al mundo a morir en lugar de ellos, pero el perdón de pecados no
puede ser aplicado a ellos hasta que ellos reciban y crean en las buenas
nuevas de salvación por medio del Evangelio. Pero existe un problema, si el hombre ‘no puede’ venir a Cristo
por su propio libre albedrío, entonces algo tiene que ocurrir en el
hombre para que este pueda venir a Cristo. Como vimos anteriormente, el hombre debe ser “traído por el Padre”,
y el venir a Cristo le debe ser “dado del Padre”. Si eso no ocurre el hombre no puede venir a Cristo. Nosotros creemos que la Biblia enseña que el hombre tiene que
nacer de nuevo para poder venir a Cristo. Pero ¿cómo ocurre esto? Creemos
que el nuevo nacimiento es obrado soberanamente y sobrenaturalmente por
medio del Espíritu Santo en la predicación de la Palabra. La Biblia nos declara que es por medio de la Palabra que somos
renacidos “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de
incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.”
(1 Pedro 1:23).
La
Predicación del Evangelio
La predicación del
Evangelio es el principal medio para efectuar el nuevo nacimiento en las
personas. Pero debemos entender que aunque la predicación es un medio,
este medio es ineficaz si no va acompañado del poder ‘vivificador’
de Cristo por medio del Espíritu Santo quien es el que opera el cambio en
los corazones de los hombres. La
“palabra” por lo tanto es Cristo mismo en Espíritu. Jesús dijo “mis palabras son espíritu y son vida”. Por lo tanto debemos comprender que aunque el evangelio es
predicado a todos los hombres indiscriminadamente de acuerdo al
mandamiento dado por Cristo mismo de ‘predicar el evangelio a TODA
criatura”, esa predicación tiene eficacia solamente cuando Dios la
aplica al corazón del hombre. Por
esto debemos hacer diferencia entre lo que llamamos el “llamado externo”
y el “llamado interno” del evangelio.
El
llamado Externo
El llamado externo
es de carácter universal el cual se extiende a todos los hombres de todas
las edades, razas y clases, sin importarle al predicador si son escogidos
o no escogidos los son (Isaías 45:22; 55:1; Ezequiel 3:19; Joel 2:32;
Mateo. 22:2-8, 14; Revelación 22:17). Es una oferta y un mandato seria de parte de Dios con la garantía
de perdón y salvación a todos los que respondan con verdadera fe y
arrepentimiento (Hechos 17:30.) Este
llamado ocurre cada vez que se predica a Cristo, sea por palabra o por
escritura. Dios ha dado un
mandamiento el cual todos los creyentes deben de cumplir con el mayor
deseo y prontitud, “id y predicad a toda criatura” (Marcos
16:15; Mateo 28:19). El
llamado externo lo hacen los predicadores a los oídos naturales de los
hombres, a la razón y al entendimiento y a los sentidos naturales del ser
humano (Mateo. 28:19; 22:14; Lucas 14:16-24; Hechos 13:46; II Tesa. 1:8; I
Juan 5:10.) Mientras este
llamado es hecho el Espíritu Santo trata con las personas por medio del
predicador para influenciarles a aceptarlo. Este llamado fue hecho en el Antiguo Testamento y desde antes en
los días de Noe en el diluvio y en los días de Lot en Sodoma y Gomorra. Cuando Josué dijo al pueblo que escogiera a quien servir, esto era
una forma de Dios tratar con el hombre. Cuando Dios dice al pueblo de Israel “delante de ti están
la vida y la muerte, escoge la vida para que vivas” (Deuteronomio
30:18), es Dios mismo tratando con el hombre. Cuando los profetas predicaban los mensajes que Dios les daba, era
el mismo Espíritu Santo del Rey Soberano del Universo tratando con el
hombre. Cuando Cristo se
aparece en la escena y le predica al pueblo “arrepentios y
convertidos” es Dios mismo tratando con el hombre. Pero todos
estos intentos terminaron en un colosal fracaso. Es cierto, el llamado es
rechazado y el Espíritu Santo es resistido y como consecuencia al rechazo
se muestra la ira de Dios sobre los desobedientes: El pueblo del tiempo de
Noe pereció ahogado con las lluvias del diluvio. El pueblo del tiempo de Lot fue destruido con fuego del cielo y el
pueblo que fue llamado por Josué a escoger a quien servir a Jehová
prontamente se apartó de su promesa y fue infiel a su Dios llevando
castigo por ello. La nación de Israel en el Antiguo Testamento se distingue
particularmente por su incapacidad de seguir al Dios que le había sido
fiel guía y misericordioso Padre. Lo
que la historia nos indica es que el hombre nunca escogió la vida para
vivir. Aun cuando se presenta
Cristo, el Dios encarnado en la escena del pueblo de Israel, estos le
rechazan brutalmente y le matan prefiriendo a Cesar como rey y un
delincuente (Barrabás) en lugar del dador de la vida misma. Cristo lloró sobre Jerusalén con gran angustia diciendo
“cuantas veces quise juntarte debajo de mis alas y tu no quisiste”
(Mateo 23). Eso es el clamor
de Dios mismo hacia un pueblo al cual después de haberle mostrado
misericordia seguía siendo infiel.
Cristo sufrió el
rechazo frío y directo de su pueblo. El Apóstol Juan nos narra que “los hombres aman más las
tinieblas que la luz”. Dios siempre ha tratado con los hombres
para que estos se acerquen a Dios, pero el trato ha sido siempre fracaso
porque el corazón corrompido del hombre no quiere responder a Dios. Mas
tarde, en los comienzos de la iglesia leemos de la historia de Esteban un
gran hombre de Dios que predicaba la el evangelio “lleno del Espíritu
Santo”, este también fue rechazado y asesinado por sus compatriotas. En su mensaje y antes de morir apedreado Esteban declara lo
siguiente:
Hechos 7
51 !!Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros
resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así
también vosotros. 52 ¿A cuál de los
profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron
de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido
entregadores y matadores; 53 vosotros que
recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis. 54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los
dientes contra él.
Efectivamente, el Espíritu
Santo puede ser resistido, no una ni dos sino miles de veces, no precisamente por
causa del "libre" albedrío sino a causa del "esclavo" albedrío.
El Espíritu Santo es reistido constantemente y esto por todos los hombres
no-regenerados que como dijo Esteban son “duros de cerviz”. Entonces ¿qué debe suceder para que un alma se arrepienta? Jeremías dice del pueblo de Israel (Efraín) “conviérteme
y seré convertido”(Jeremías 31:18.) Ciertamente, NO puede haber conversión si Dios no hace un cambio
en el corazón. De hecho eso
fue lo que Cristo dijo a Nicodemo, “de cierto de cierto te digo
que el que no nace de nuevo no pude ver el reino de Dios” (Juan
3.)
El llamamiento
Interno
Siendo que la
situación del hombre es tan caótica y espiritualmente impotente, Dios debe de hacer algo para
‘asegurar infaliblemente’ la conversión de los escogidos. Esto llamamos el ‘llamamiento Interno’ o ‘llamamiento
eficaz’. Este llamado es el
mismo llamado externo hecho ‘eficaz’ en el corazón de los hombres. Sucede por medio de la obra regeneradora del Espíritu Santo. En el libro de Hechos capitulo 16 leemos la historia de una mujer
llamada Lidia la cual “Dios abrió su corazón para que atendiera las
palabras que Pablo hablaba”. Ciertamente
sin la intervención divina abriendo el corazón de las personas, nadie
vendría a Cristo. Es Dios
quién interviene y el Apóstol Pablo nos dice “Dios alumbró
nuestros corazones” (2 Corintios 4). Este llamado siempre viene al pecador por medio de la Palabra de
Dios, la cual es aplicada infaliblemente por medio de la operación del
Espíritu Santo (1 Corintios 1:23, 24). Es un llamado poderoso y es siempre efectivo para salvación (Hechos
13:48) Una vez el corazón del hombre ha sido cambiado de piedra a un
corazón de carne y una vez el corazón incircunciso ha sido circuncidado
por el Espíritu de Dios, ENTONCES el llamamiento de Dios pasa a ser de
'resistible' a 'irresistible".
Este llamado es un
llamado a la comunión con Jesucristo ( 1 Corintios 1:9), para heredar
bendición (1 Pedro 8:9), a libertad (Gálatas 6:18), a paz (1 Corintios
7:15); a santidad (1 Tesalonicenses 4:7); a una esperanza (Efesios 4:4), a
vida eterna (1 Timoteo 6:12), y al reino y la gloria de Dios (1
Tesalonicenses 2:12). Gracias
le damos a Dios por su misericordia habiéndonos llamado con
“llamamiento santo” para que entremos a la comunión con el por medio
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En el próximo estudio escudriñaremos la Biblia para exponer
como es que los “llamados de Dios” permanecen y perseveran en la fe y
la Gracia de Dios para que el plan de Dios sea cumplido a cabalidad. Allí estudiaremos sobre “La Perseverancia
de los Santos.”
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