El domingo 1 de marzo de 1981 durmió el Señor Martyn Lloyd-Jones. Se ha cumplido, pues, veinticinco años desde su muerte y, sin embargo, al igual que en caso de Abel, se pùede decir que “muerto, aún habla”.

Efectivamente, son muchos millones de personas en el mundo entero que han oído “hablar” al Dr Martyn Lloyd-Jones a través de los numerosos libros que recogen su mensaje, y aún por medio de las grabaciones de su predicacion que comenzaron a difundirse después de su muerte. Y gracias a la labor de 'El Estantarte de la Verdad' y 'Editorial Peregrino', el mundo hispano ha podido también beneficiarse grandemente de la enseñanza de este gran hombre de Dios.

En esta especial efemérides, pues, es de justicia que recordemos al Doctor (como cariñosamente se le conocía) con gratitud y alabanza a Dios por su vida y obra. Sin idolatrar a nadie y siguiendo la pauta de Hebreos 11, es muy importante destacar la figura de este “héroe de la fe”, de manera que seamos imitadores de él, como él lo fué de Cristo (cf. 1 Co.11:1). Y queremos hacerlo de dos maneras. En primer lugar, mediante la breve reseña de este artículo, y en segundo lugar, con la publicación de uno de sus discursos que consideremos especialmente oportuno. ¿Qué elementos podemos resaltar de este gigante espiritual?

Ante todo, su singularidad. No encontramos a ningún dirigente evangélico en todo el siglo XX que se pueda comparar a él. Fué único en ese siglo como Spurgeon lo fué en el XIX, pero con la peculiaridad de que en él tenemos a alguien cercano en el tiempo, un predicador que se dirigió a una situación esencialmente igual a la que vivimos nosotros.

Lloyd-Jones fue, ante todo, un predicador. Sus libros son en realidad los documentos que recogen los sermones y discursos que pronunció a lo largo de su extenso ministerio. Su profundidad era apreciada por los cristianos más maduros, pero su sencillez permitía que le entendieran los más jóvenes. El impacto de su predicación se debía no tanto a su elocuencia como a la convicción y autoridad con que hablaba. Daba gran importancia a la predicación expositiva y fruto de la misma son las dos grandes series que predicó sobre Efesios y Romanos, entre otras. De la vitalidad de su ministerio da testimonio el hecho de que pudo llevarlo a cabo en una misma iglesia (Westmister Chapel, Londres) durante treinta años consecutivos y con una asistencia de 2000 personas.

Pero también fue un maestro de maestros y un pastor de pastores. Cientos de ministros del Evangelio y estudiantes teológicos se sentaban a sus pies para oír el sonido no “incierto” de la trompeta de su mensaje. Así se forjó toda una generación de predicadores en el Reino Unido que recibieron una influencia indeleble de parte de este hombre excepcional, una influencia que se ha extendido por los cinco continentes a través de sus libros.
Martyn Lloyd-Jones fue tambien un pionero. En los comienzos de su ministerio, las obras de los puritanos y otros grandes autores del pasado yacían cubiertas de polvo (como el arpa de Bécquer) en librerías de segunda mano.

Él las buscó con ahínco y su influencia marcó su ministerio. Y no solo esto, sino que, a través de la editorial The Banner of Truth, promovió su reedición para que muchos más pudieran beneficiarse de ellas.

Asimismo, en la que se han acumulado, para su consulta, decenas de miles de libros de un valor espiritual incalculable.

Pero Lloyd-Jones no lo tuvo fácil. Al igual que Spurgeon en el siglo anterior, fue objeto de incomprensión desde distintos círculos protestantes. Su famoso llamamiento a la separación en 1966 le granjeó el rechazo aún de amigos muy queridos que habían crecido espiritualmente bajo su influencia. Pero estaba convencido de que el cristiano debe preocuparse no solo por los asuntos de su iglesia local, sino que debe extender su interés a la Iglesia del Señor como un todo.

Vivió siempre con la esperanza de un avivamiento, pero nunca llegó a verlo durante su ministerio. Eso sí, la unción que él experimentó fue sin duda el fruto de un avivamiento personal que le dio un toque muy especial a su predicación. No cayó, sin embargo, en la tentación de “promover” un avivamiento al estilo del movimiento carismático surgido en los años sesenta.

Su posición doctrinal estaba en línea con la Reforma del siglo XVI, los puritanos del siglo XVII y el despertar evangélico del siglo XVIII, con el que especialmente se identificada. No fué, sin embargo, un mero epígono de sus predecesores, y mantuvo sus propias convicciones en los puntos en que discrepaba con los demás. Fue especialmente crítico con lo que él llamaba una “ortodoxia muerta”, rechazando una mera adhesión intelectual a la sana doctrina que no estuviera acompañada de la correspondiente vivencia. Esto le llevó a una cierta evolución en su concepto de los dones del Espíritu Santo, que algunos han utilizado para tildarle (injustamente) de carismático.

Murió como había vivido: con la mirada puesta en la gloria venidera. Poco antes de morir dijo a su familia: “No oréis por sanidad. No me retengáis de la gloria”.

Querido hermano, da gracias a Dios con nosotros por habernos regalado a este hombre extraordinario y por el legado que él nos ha dejado. Pero no te conformes co eso. Aprovecha la riqueza de su ministerio mediante las obras que ya tenemos en nuestro propio idioma y que, con la ayuda del Señor, irá aumentando en los tiempos venideros.

Gracias a Dios que, aunque Lloyd Jones lleva muerto veinticinco años, “aún habla”.

(Revista Nueva Reforma Nº 75 Octubre-Diciembre 2006. Editorial Peregrino)

 

Libros disponibles en español en www.editorialperegrino.com

    1. Vida en el Espíritu (Juan 17)
    2. Cristianismo auténtico Tomo 2
    3. Cristianismo auténtico Tomo 1
    4. La fe a prueba
    5. Autoridad
    6. La cruz
    7. Cuando el Señor juzga a su Pueblo
    8. De lo profundo. Salmo 51
    9. Dios el Padre, Dios el Hijo
    10. Dios el Espíritu Santo
    11. La Iglesia y las últimas cosas
    12. No me avergüenzo
    13. La predicacion y los predicadores
    14. El problema fundamental del hombre
    15. El Sermón del Monte (Vol. 1)
    16. Sermones Evangelísticos
    17. La verdad inmutable
    18. Verdadera Felicidad. Salmo 1
    19. Vida en Cristo
    20. La Vida en el Espíritu (Efesios 5-6)

 

 

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