PERSEVEREMOS BAJO EL ÚNICO MAPA CONFIABLE

Posiblemente, uno de los utensilios más utilizados durante el período vacacional por aquellos que se desplazan en automóvil, sea un mapa o plano de carreteras. Imprescindible. Cuando uno sale en ruta debe cerciorarse de antemano por qué vías va a transitar, dónde deberá desviarse y por qué pueblos o ciudades pasará a lo largo de su periplo. Arrancar en primera sin haber analizado el recorrido es exponerse a perder el rumbo, a desviarse de la ruta deseada o, simplemente, no llegar al destino en cuestión.

Algo parecido ocurre con la marcha de la iglesia. Necesitamos una guía digna de crédito, un mapa o plano confiable que nos vaya marcando el recorrido paso a paso. El sabio escribía hace ya siglos: "Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo" (Pr. 11, 14). ¿De dónde toma la iglesia ese plano que le sirva de guía fiel, de dirección sabia?. Desde el nacimiento de la iglesia, ésta se ha visto tentada a buscar en un sin fin de lugares. Recorriendo las epístolas, podemos percatamos de grupos aquí y allá que empezaban a desviarse de la ruta marcada por el Resucitado. Hoy esa tentación sigue bien vigente, de aquí que la advertencia de Pablo sigue teniendo plena validez: "Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas" (2 Ti. 4, 2-3).

Hoy la mayor tentación de la iglesia es la de hacerse agradable y atrayente al mundo. Este último es bastante bueno para captar la atención y el afecto de las personas. Una simple prueba de ello es el gran poder de los medios de comunicación y de la publicidad. Por otro lado, la iglesia tiende a ser muy deficiente en la "promoción y venta" de su producto. De tal manera que hoy, mayormente en occidente, la iglesia está adoptando la filosofía del mercadeo, la filosofía de la sociedad de consumo, las filosofías empresariales, las filosofías humanistas, todo ello como mapa ministerial. No nos engañemos. La iglesia no sólo está contemporizando con los métodos, adaptándolos al consumidor, sino también- eso es lo peor- el mensaje que da al mundo. Lo que entretiene, lo que agrada, lo que engancha, lo que atrae, lo que satisface, lo que es exitoso, lo que no ofende, lo que no contrista, lo que no molesta,... es lo que vale. Estamos inmersos en la era del pragmatismo.

Sin embargo, no todas las comunidades cristianas han sucumbido a tales fábulas, a tales falacias; muchas, por la gracia de Dios, todavía se mantienen aferradas al único mapa confiable: la Biblia, la Palabra de Dios. De este plano divino, queridos hermanos, debemos, como comunidad de discípulos de Cristo, seguir extrayendo lo que la iglesia debe ser y hacer en nuestro siglo. Un buen ejemplo inspirado lo encontramos en la comunidad cristiana primitiva, especialmente en Jerusalén y Antioquia. Los siguientes textos son de obligada lectura: Hechos 2, 41-427 2, 43-477 4, 32-357 Hechos 13, 1-37 Romanos 15, 25. De estos textos podemos extraer cuáles son aquellos ministerios en los que la comunidad cristiana primitiva perseveraba, e igualmente, aquellos en los que la iglesia actual debe perseverar. Son 7 ministerios:

 

1.- El ministerio de la Palabra: La iglesia primitiva perseveraba en la enseñanza de los apóstoles. El estudio bíblico y la predicación de la Palabra son ministerios centrales de la iglesia en los cuales debemos perseverar. Por ello, el interés y asistencia a la Escuela Bíblica Dominical y a los cultos de adoración debe ser, hermanos, irrenunciable.

2.- El ministerio de la comunión: Los primeros cristianos se entregaron a la unidad y a la comunalidad del cuerpo de Cristo. Nuevamente, estamos ante un ministerio irrenunciable- como todos los que mencionaremos. La simple presencia en la congregación local, en la asamblea, ya es un servicio, ya es testimonio. Un saludo, un abrazo, una oración con el hermanos, un cántico al unísono, una visita al hospital, una merienda común, etc, etc. todo ello son muestras de comunión. "No dejando de congregarnos..." (He. 10, 25) escribía el autor de la epístolas a los Hebreos.

3.- El ministerio de la Cena del Señor: La iglesia primitiva participaba regularmente en "el partimiento del pan", lo cual puede tomarse en el sentido general de comer comidas juntos o en el sentido específico de participar en la Cena del Señor. Parece que en esos momentos ambas cosas iban juntas. La Cena del Señor no es una práctica trivial, sino que Jesús mismo nos ordenó realizarla con solemnidad y expectación. "La muerte del Senos anunciáis hasta que el venga" (1 Cor. 11, 26). Es testimonio. Es adoración. Es tiempo de confesión, de reconciliación, de compromiso, de comunión.

 

4.- El ministerio de la oración: ¡Indispensable e ineludible!. La iglesia primitiva nunca hubiese trastornado con el mensaje del Evangelio a su alrededor si no hubiese sido por la oración. La oración era parte crítica en la vida de la iglesia. Era su combustible. Su motor. Su todo. Estaban entregados a permanecer en la presencia de Dios con todo tipo de oraciones y ruegos, con acción de gracias. Y el Señor respondía. Es inspirador- y por ello lo recomiendo- leer un ejemplo contemporáneo de una iglesia sana y bíblica impulsada y sostenida por la oración y la Palabra, la Iglesia Tabernáculo de Brooklyn en New York. Recomendable el libro titulado "Fuego Vivo, Viento Fresco" del pastor Jim Cymbala, publicado por editorial Vida.


5.- El ministerio de alcanzar a otros: Los creyentes primitivos se preocupaban por lo no salvos y convirtieron el testificar el evangelio de Cristo en su estilo de vida. Eso era -y debe ser- evangelismo, un estilo de vida. Personas rebosantes del Espíritu Santo y sus frutos, rebosantes de la Palabra de Dios. "Vosotros sois la sal de la tierra" -afirmó Jesús (Mateo 5, 13).


6.- El ministerio de las misiones: "Me seréis testigos en... y hasta lo último de la tierra" (Hch. 1, 8). La iglesia primitiva se preocupó de las misiones. Bernabé y Saulo fueron apartados a tal fin por el Espíritu y la iglesia. Orando. Ofrendando. Enviando. Nuestra visión, queridos hermanos, debe ser una visión misionera, una visión mundial de la obra de Dios, del avance del reino.

7.- El ministerio de la comunión intereclesial: Las iglesias neotestamentarias, aunque autónomas con sus propios ancianos o pastores, también eran interdependientes. Se ayudaban mutuamente en las necesidades, compartían esfuerzos de discipulado. Somos parte de una comunidad de iglesias que tienen el mismo sentir, con mentalidad similar, en esta caso, parte de la Comunidad Bautista de Madrid y de España. La participación en ministerios comunes es algo a lo que somos también llamados a través de nuestro mapa común: la Palabra de Dios.

Un dato hermoso para terminar esta breve reflexión. Leemos de la comunidad cristiana primitiva, que "perseveraban" en estos ministerios, y lo hacían con "alegría y sencillez de corazón". Queridos hermanos, en esta nueva etapa -después del tiempo de verano-perseveremos en los ministerios que nos marca nuestra Guía, y hagámoslo unidos con la mejor de las actitudes, con alegría y sencillez de corazón. Que el Señor os bendiga.

Vuestro al servicio del Cordero y su amada novia (Ap. 19, 7)

(Samuel Serrano)

 

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